Fidelidad hacia un instrumento

Anniett Martínez Pérez
23/ 09/ 2016

Ignacy Jan Paderewski. Foto: InternetSe asegura que, cuando un músico elige un instrumento lo hace con la mente y el corazón. Busca que suene de determinada manera, que luzca de determinada forma, ama la vibración que produce.

De la afirmación se desprende que, para un intérprete, su instrumento es más que una herramienta de trabajo u objeto costoso. Hay una dimensión mental y hasta espiritual, a través de la cual accede al mismo para tocar.

Así, hay una relación raramente entendida entre el músico y su tan apreciado objeto de inspiración, y cuando ese tipo de «amistad» lleva su tiempo, es difícil imaginar que algo pueda sucederle a su compañero musical, inerte hasta que su amigo lo ejecuta.

Algo como la rotura o la pérdida constituye un profundo vacío y tristeza para su dueño. Una de las anécdotas más conocidas, es sobre el llamado que hicieron taxis de Nueva York para no olvidar objetos personales en los vehículos, después de que Yo-Yo Ma olvidó su violonchelo Montagnana, con más de 300 años de antigüedad, en la cabina de un taxi, el que afortunadamente fue recuperado. Otro connotado caso lo protagonizó Philippe Quint, quien ofreció en Nueva York un concierto privado de 30 minutos a Mohamed Khalil, y un taxista egipcio le devolvió su violín 1723 Stradivarius, con un valor aproximado de cuatro millones de dólares, después de que el músico lo olvidó a su regreso de una presentación en Texas.

Bogdan Budziszewski también vivió en carne propia el deseo de recuperar a su compañero de andanzas, después de que le fuera robado, tras actuar con la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.

«Más que valor económico, es sentimental. No basta con comprar otro instrumento, por costoso que sea; es una búsqueda de muchos años, en la que el músico se tiene que identificar, debe haber química», aseguraría entonces el mexicano.

«Un excelente violín puede acomodarle a un músico, pero a otro no; es como una relación entre dos personas», explicó la también violinistaErika Dobosiewicz, esposa de Budziszewski.

También, entre los intérpretes que guardan fidelidad con un determinado instrumento se encuentra Ignacy JanPaderewski, quien era fiel a los pianos Steinway; y, en una gira por Rusia, se topó con cierta sorpresa a causa de tal fidelidad.

Cuenta la anécdota que cuando el pianista llegó a la sala, media hora antes del concierto, comprobó con horror que uno de los pedales había sido completamente destruido.

Estaba claro que lo habían arrancado violentamente, y cuando probó el piano, encontró alfileres entre las teclas, colocados con la punta hacia arriba. Por suerte Padereswski se percató de tal cosa antes de empezar a tocar.

¿Cuál era la razón para perseguirlo así? Simplemente que el pianista no había llamado a su agente de pianos de San Petersburgo, sino que había llevado su propio instrumento.

Pero, para todos los intérpretes no es válido lo referido hasta aquí. Tal es el caso del violinista y compositor Fritz Kreisler, quien llegó a decir: «respecto a los violines, soy polígamo».

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