En 1846, la llegada de las óperas verdianas al panorama cubano, estuvo acompañada por curiosas coincidencias que, a la postre, repercutirían en el ámbito nacional y más allá.
Una de ellas está ligada al invento del teléfono.
Si se detiene en los portales del hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, podrá leer una placa donde se asegura que allí tuvo lugar el nacimiento de ese medio, esencial en la modernidad, y aun en constante desarrollo.
Fue justo en La Habana donde nació, a través del ejercicio humano de un tramoyista, aunque nada tuvo que ver con el escenario.
Por esa época se encontraba en La Habana el italiano Antonio Meucci, inventor del teléfono, quien hizo sus primeros experimentos precisamente en el Teatro Tacón y para el estreno de una ópera de Verdi: Macbeth.
Meucci era el Jefe de Tramoya del coliseo y, para establecer un contacto entre el foso y el escenario, instaló un invento suyo que permitía hablar a distancia con el fin de dar instrucciones para cambios escenográficos; y, más tarde, entre los camerinos y la alta parrilla, dando por resultado la génesis de la invención del teléfono, en ese grandioso teatro habanero.
Otra de la operas verdianas que coincidió en su estreno en Cuba con algún adelanto tecnológico fue Aida, pues -en los días previos a su primera representación, en el Parque Central, se efectuaron los primeros ensayos públicos para la instalación del alumbrado en la ciudad.
Por su parte Ernani subió a escena cuando se instalaba el gas y La Traviata marcó un cambio sustancial en las costumbres teatrales de la época, pues al compás de esa ópera, las mujeres aplaudieron por primera vez.
