A lo largo de la historia el fenómeno culinario ha aparecido de forma más o menos recurrente en muchos de los títulos que conforman el grupo de obras del repertorio operístico.
Pero, más allá de las referencias en los libretos a temas gastronómicos, es interesante comprobar cómo también muchos de los divos y divas del género han demostrado su debilidad por la gastronomía de muy diferentes formas platos se. Incluso, hasta le han dedicado platos en su honor.
De igual modo ha sucedido con la moda de dar nombre de ilustres cantantes a diferentes platos, como Nellie Melba, quien fue honrada con varios platillos preparados en su honor, entre los que se cuentan la «Copa Melba» y las «Tostadas Melba».
Se cree que el nombre data de 1897, una época en que la cantante estuvo muy enferma y tomó estas últimas como alimento básico de su dieta. De igual manera, a la soprano italiana Luisa Tetrazzini se le atribuye la invención(o dedicación) de platos como la «Pasta Tetrazzini» y el «Pollo a la Tetrazzini».
Por otro lado«La Bella Helena», ópera cómica de Jacques Offenbach, trascendió del teatro a la culinaria poniendo de moda diversas recetas como el Solomillo o el Pollo Bella Helena, pero el más famoso fue el postre conocido como: «Peras Bella Helena», en honor a la cantante francesa Hortense Schneider «La Snéder», heroína de las operetas del autor.
Según se comenta, varios cantantes del género lírico han incursionado dentro del mundo de la gastronomía, entre los que se cuenta al tenor Carlo Bergonzi (verdiano por antonomasia), quien encontró en la cocina el consuelo a su retiro abriendo en Busseto, tierra natal de Giussepe Verdi, el restaurante Los dos Foscari que rememora el título de la ópera verdiana.
Como no podía ser menos, el infatigable y omnipresente Plácido Domingo también ha hecho incursiones dentro del arte culinario. Se dice que el famoso, empeñado en seguir los pasos de su abuela, se adentró en el sector de la gastronomía junto al afamado chef mexicano Richard Sandoval, y esta alianza fue creciendo hasta el punto que hoy poseen cerca de una decena de restaurantes en Estados Unidos y México.
Otro tenor español, José Carreras, colaboró en la publicación del libro Gastronomía Musical, para el que seleccionó cuarenta obras líricas emblemáticas, y resumió su argumento y características para servirlas junto con los platos tradicionales del lugar donde se desarrolla la acción.
Platos tan exóticos como el goma-dare de Madame Butterfly, el chateau briand con patatas soufflée de La Traviata, el tiramisú de Tosca o el helado de miel de castaño de El Elixir de Amor, se unen aquí con el remojón granadino de La vida breve y el cocido madrileño de Don Carlo, gracias al hilo conductor de la ópera.
Cada una de estas 125 recetas incluye además un análisis nutricional.
Más recientemente, el famosísimo peruano Juan Diego Flórez también ha hecho incursiones gastronómicas en Lima, al apoyar el festival La Cocina de Juan Diego y ejerciendo de chef en el restaurante La Rosa Náutica, una cita que fusionó la cocina peruana con la italiana, a gusto del famoso tenor.
Y esta relación fascinante, por cierto, mucho más real que anecdótica entre la ópera y la gastronomía, lleva a una reflexión muy simple: una representación de ópera debe ser culminada con una buena cena.
