El 24 abril de 1948 en la ciudad de México fallecía, a los 66 años de edad, una de las figuras más relevantes del panorama musical latinoamericano del siglo XX y a quien se le adjudica la paternidad del nacionalismo en México: Manuel María Ponce.
Nació en Zacatecas en 1882 pero a los pocos meses, sus padres y sus 12 hijos se trasladaron a la ciudad de Aguascalientes; allí comenzó a mostrar aptitudes musicales que, captadas por su hermana y pianista Josefina, condicionaron las primeras lecciones sobre el pentagrama cuando el niño Manuel contaba unos cinco años.
En poco tiempo ejecutaba con destreza algunas canciones y después de recibir clases con Cipriano Ávila, para 1897 ya era el organista del templo de San Diego en Aguascalientes.
Abriendo el siglo XX Manuel María Ponce matriculó en el Conservatorio Nacional de Música de la capital mexicana, y a partir de 1904 realizó viajes por Italia y Alemania donde estudió con destacados pedagogos como Enrico Bossi, Luigi Torchi y Martin Krause.
En 1915 huyendo del caos político reinante en México y habiendo incursionado ya en el periodismo musical, Manuel María Ponce llegó a La Habana acompañado por el poeta Luis G. Urbina, y el violinista Pedro Valdés Fraga.
Permaneció en Cuba hasta 1917 y escribió varias partituras; ofreció clases de diversas materias musicales; fundó la Academia Beethoven en la cual se desempeñó como profesor de piano, y trabajó también como crítico musical de las publicaciones El Heraldo de Cuba y La Reforma Social, entre otras.
Fue aquí donde descubrió el abanico de los ritmos y melodías de nuestro folklore y gracias a los sones, guajiras, rumbas y danzones que matizaban cada espacio habanero, Manuel María Ponce concientizó su interés por la música popular cubana que lo condujo a la creación de la pieza: "Rapsodia Cubana", una de sus composiciones mejor logradas de todo su catálogo autoral.
Para entonces Manuel tenía 32 años de edad y fue La Habana el sitio que no solo inspiró su Rapsodia, aquí tuvo lugar su estreno del cual, en el diario El Heraldo un periodista comentó:…"Me resigné a escucharla, y puedo decir (yo, que en estas mismas páginas he abominado del sonsoniche o soniqueo o consonete o soniquete de nuestras guajiras y guarachas) que esa es la pieza más estupenda de emotividad y colorido que se ha escrito sobre motivos de música criolla".
Esta y otras partituras como "Suite cubana" y posteriormente "Sonata para violonchelo y piano" muestran las huellas de su paso por La Habana y cuando estrenó en la isla su "Elegía a la Patria" dedicada a su novia, la soprano Clementine Maurel (que luego renombraría Elegía de la ausencia) la prensa aseguró que una buena parte del público se sintió conmocionado hasta las lágrimas.
Manuel María Ponce regresó a México en 1917 donde además de ofrecer clases de piano y continuar componiendo, fundó una cátedra en la Escuela de Música de la Universidad, dedicada al estudio del folklore nacional.
Luego, con los nuevas corrientes musicales europeas, su lenguaje se tornó más universal; no obstante, su legado exhibe la condición de ser el primero en recoger, investigar y visibilizar la música popular y folklórica de su país.
