Ver o no ver, esa fue la cuestión

Yamilé Jiménez
27/ 06/ 2018

En 1777, un doctor alemán llamado Franz Anton Mesmer aseguraba que todos poseíamos una condición llamada magnetismo animal, la que en mayor o menor medida, era capaz de quebrantar la salud de los seres humanos que, a través del uso de imanes, se podía y hasta curarse.

Este procedimiento que combinaba la escucha de música y el movimiento de imanes, según Mesmer era la causa de trastornos tales como vómitos, desmayos, ceguera, depresión, delirio y algunos tipos de epilepsia.

Gracias a su teoría Franz Anton Mesmer había obtenido su título de doctor en 1766 en la ciudad de Viena y luego de contraer matrimonio con una acaudalada viuda, se dedicó a poner en práctica sus ideas en la capital austríaca. Estableció una clínica en su casa en la que sus pacientes podían sumergir sus manos o pies, e incluso todo su cuerpo, en baños llenos de lo que él llamaba "agua magnetizada" y Mesmer, que según algunas fuentes de la época que era un hábil tañedor de armónica de cristal se sentaba en la esquina y tocaban música apacible y lenta. Finalmente el médico caminaba alrededor de la tina pasando sobre los cuerpos de los pacientes una vara magnética y hablándoles en voz baja.

Estos métodos se hicieron muy aplaudidos y cotizados y la a realeza de numerosos territorios europeos comenzó a solicitar sus servicios; hasta que en 1776 conoció a María Theresia von Paradis (1759-1824), una destacada cantante, clavecinista y compositora vienesa.

De niña María Theresia había perdido la visión, eventualidad que sin embargo no logró impedir que los 16 años, la joven fuera reconocida y aclamada en los más encumbrados círculos musicales de la nobleza de Austria.

Cuando Franz Anton Mesmer y María Theresia Von Paradis se conocieron ambos disfrutaban de una excelente reputación en sus respectivas carreras y la artista no dudó en ponerse en manos del doctor en el intento de recuperar la vista. Mesmer por su parte quedó profundamente impresionado por el talento de la muchacha ciega y puso a funcionar todo su arsenal de conocimientos y experiencias.

El cruce de vidas entre estos dos personajes resultó interesante y revelador desde lo humano y clínico y a pesar de las escasas sesiones hipnóticas María Theresia mostró una notable mejoría visual, al mismo tiempo en que sus habilidades para tocar el clavecín comenzaron a disminuir considerablemente.

Utilizando imanes, efectos sonoros y lumínicos la joven invidente logró recuperar parte de la visión, sin embargo, el médico de la corte imperial, celoso de la notoriedad conseguida por Mesmer, comenzó a desplegar una fuerte campaña acusándolo de fraude y nigromancia.

En 1779 y huyendo del escándalo Mesmer se instaló en París y allí estableció un nuevo consultorio que le proporcionó buenos dividendos económicos por un tiempo, mientras María Theresia aunque regresó definitivamente al mundo de las sombras, recobró sus habilidades musicales. En su diario escribió: “Mi ceguera es como cerrar nuevamente los ojos, pero esta vez para contener toda la belleza. Y con respecto a mi querido doctor Mesmer, su imagen me llena, me soporta, me mantiene viva… nada más merece la pena ser visto.”

Franz Anton Mesmer fue juzgado varias veces y en 1784 la Real Comisión Francesa dictaminó que los efectos curativos de su práctica carecían de bases sólidas y solo funcionaban gracias al poder de la sugestión. Regresó a Viena e intentó buscar fondos, para continuar sus experimentos, pero no los consiguió. Murió en 1815.

María Theresia por su lado se convirtió en una de las más destacadas artistas de su tiempo y dejó para la historia un interesante catálogo autoral integrado por óperas, cantatas, y varios conciertos para piano.

Murió en Viena en 1824.

Franz Anton Mesmer y María Theresia Von Paradis nunca más tuvieron contacto.

 

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