Desafiante, obstinado, rebelde e impulsivo, Beethoven se rehusaba a reconocer y aceptar su sordera y con bastante frecuencia, insistía en subir al podio y dirigir conciertos con sus obras.
Por el resultado ante la orquesta y a juzgar por algunos escritos y reseñas de su época, fue, a pesar de su gran talento como compositor, uno de los peores directores de orquesta de la historia.
Cuando movía las manos, el producto musical que salía era prácticamente una tragicomedia, aunque con más tragedia y drama, que comedia y humor y es que en primer lugar no podemos pasar por alto que Beethoven nunca fue capaz de lidiar armónica y sosegadamente con las personas de su entorno, ni siquiera, antes de comenzar a sufrir los síntomas de su discapacidad auditiva.
Por tanto, en su función como director, no fue muy diferente y mostró su inigualable capacidad de exasperar, irritar y casi llevar hasta el paroxismo a todos los músicos de las orquestas con las que trabajó.
Sin embargo, a pesar del dudoso resultado musical y de su relación torcida con los intérpretes, Beethoven nunca dejó de dirigir sus propias obras, incluso continuó insistiendo después del descalabro en el estreno de sus Sinfonías No. 5 y No. 6 cuando la orquesta se insubordinó y sus músicos se negaron a tocar bajo su conducción.
Johann Friedrich Reichardt (musicólogo, compositor, director y crítico) dejó el siguiente comentario de un concierto de la Fantasía Coral, donde Beethoven desde el piano, y como era costumbre en la época, fungió como director:
_Muchos fallos en la ejecución pusieron a prueba la paciencia del auditorio….Beethoven, sentado al piano para interpretar su Fantasía Coral, al parecer olvidó que había pedido a la orquesta desechar algunas repeticiones y volvió atrás mientras el resto de los músicos continuaron avanzando. La ejecución tuvo que arrastrarse hasta una lamentable detención, mientras Beethoven, advirtiendo que algo andaba muy mal comenzó a gritar : ¡!!!Alto, Alto!!!!, Está mal!!!! Esto no sirve!!!!! De nuevo. De nuevo!!!!!Algunos músicos se sintieron tan ofendidos que optaron por retirarse del escenario.
Después de otras consideraciones nada halagüeñas, Johann Friedrich Reichardt calificó el concierto como….un típico desastre Beethoveniano…..!!!!!!
Pero el músico alemán, autor de tantas piezas emblemáticas e inigualables de la literatura musical de todos los tiempos, no fue el único que se subió al podio sin obtener buenos resultados.
En el año 1836 Robert Schuman en la NeueZeitschriftfur Musik se pronunciaba febrilmente acerca de…”la vanidad y el egocentrismo de algunos directores de orquesta que no desean renunciar a la batuta, en parte porque quieren mantenerse constantemente en presencia del público y en parte también para ocultar el hecho de que una orquesta competente puede muy bien arreglarse sola, sin dirección…”
Las consideraciones de Schumann hallaron eco años más tarde en numerosas personalidades del mundo musical, como por ejemplo en el violinista Pablo Sarasate, quien al toparse en la calle con el compositor Enrique Granados (ambos españoles) el primero le comentó a su colega:
- Es increíble, pero esos directores de hoy se yerguen frente a la orquesta agitando sus varitas y por eso les pagan…y les pagan muy bien! Pero supón que no hubiese orquesta y ellos estuviesen allí solos. Les pagarían lo mismo a ellos y a sus varitas?
Otro de los inconformes sobre este tema fue el violinista Carl Flesch que tocó bajo la batuta de grandes directores hasta su muerte en 1944.
Sin embargo calificaba la mentalidad de los directores como “un capítulo oscuro y abismal”, y aseguró:
-La dirección tiende a deteriorar el carácter y es la única actividad musical en la cual un toque de charlatanería no solo es inofensivo, sino absolutamente necesario.
Al director de orquesta de origen alemán Bruno Walter le fascinaba relatar la anécdota de un músico de orquesta que, ante la indisposición del director titular, no tuvo otra alternativa que pararse en el podio.
Luego de su experiencia se encontró con el director húngaro Hans Richter y éste le preguntó:
-Cómo le ha ido con esta nueva experiencia?
-Oh, muy bien, muy bien. Y sabe una cosa maestro?, este asunto de dirigir es mucho más sencillo de lo que suponía.
Richter se acercó al oído del músico y a sottovoce le comentó en tono de súplica:
-Por favor, no se lo cuente a nadie.
El crítico musical norteamericano Robert A. Simondijo: …” una orquesta de músicos capaces puede tocar mejor sin director, que con un mal director”; pero desdichadamenteesta indirectano siempre es tomada en cuenta.
