Harold Gramatges a cien años de su natalicio

Yamilé Jiménez
26/ 09/ 2018

Harold Gramatges era una persona especial. Con su porte quijotesco, su sonrisa amable y su hablar cadencioso que destilaba siempre un sutil pero inequívoco aroma santiaguero, era difícil resistirse a escucharlo.

No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que lo vi, pero si el primer día que tuve la extraordinaria oportunidad de recibir sus enseñanzas mientras cursaba la carrera de Musicología en el Instituto Superior de Arte.

Harold hizo de sus clases una fuente de descubrimientos, donde hablaba de autores y de obras, de cómo escribirla música, interpretarla, escucharla y analizarla, pero también conversaba de historia, de tradiciones, de códigos y de compromisos, porque Harold hablaba de muchos temas y sus clases eran un festín de revelaciones y testimonios.

Su propia vida era un aljibe de vivencias: estudió composición con José Ardévol y Amadeo Roldán en La Habana y luego en Estados Unidos con Aaron Copland y Serge Koussevitsky en la clase de dirección orquestal. Fue uno de los fundadores del Grupo de Renovación Musical en 1948, y mientras se desempeñaba como embajador de Cuba en Francia entre 1960 y 1964 conoció a Pablo Picasso en Niza.

Fundó y dirigió el Departamento de Música de la Casa de las Américas y junto a Haydée Santamaría cobijó y difundió la obra de los hasta entonces desconocidos Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, que más tarde harían historia por configurar la médula de la Nueva Trova.

Harold también fundó y dirigió varias orquestas, como la Sinfónica Nacional, y fue el artífice de la Sociedad Nuestro Tiempo; presidió la Asociación de Músicos de la UNEAC, y dedicó gran parte de su vida a la docencia.

Ademása Harold se le podía veren una presentación dominical de la Orquesta Sinfónica o presidiendo el Festival de Música Contemporánea de La Habana, o en un concierto de música antigua; lo mismo que escuchando a la Trova sin traba o a un sexteto sonero en los jardines de la UNEAC.

"La música es amor, éter, aire, más allá de lo que significa. Sin ella no se puede vivir. Lo digo categóricamente porque es una realidad. Está escrita para que suene. Y cuando el sueño acaba de sonar entra nuevamente en la partitura y se calla. Es, junto con la vida, el misterio más grande".

Así confesó en septiembre de 2006 en una entrevista al diario Juventud Rebelde.

Y como la música está escrita para que suene, cuando en 1996 fue reconocido en la primera edición del Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria, patrocinado por el Consejo Iberoamericano de la Música, el Instituto de Cooperación iberoamericana y la Sociedad General de Autores y Editores de España, y el auspicio de los Reyes de España, Harold sabía que su música, además de sonar, debía ser registrada en soporte fonográfico.

Por ello no dudó en autofinanciar varios proyectos discográficos con su obra, ya que increíblemente no existía ninguno y entre 2005 y 2006 muchas obras de su catálogo autoral fueron grabadas y hoy están al alcance de todos para ser escuchadas y estudiadas en cualquier momento.

Afortunadamente tuve la oportunidad de participar en la grabación de un álbum con una selección de su obra para coro y cuando se efectuó la premier de ese disco en la Casa de las Américas, Harold complacido, sabía que su música existía más allá de la partitura que calla.

El 16 de diciembre de 2008, con 90 años falleció Harold Gramatges. Sus cenizas fueron expuestas en el salón principal del Teatro Amadeo Roldán, y allí le dedicamos por última vez su obra “Espera” con texto de Mirta Aguirre:

Voy de camino en camino, voy de sendero en sendero.

(…..) No se ve a nadie llegar, nadie por el horizonte regresar

Callan romero y gaviota y peregrino y venado.

¡Ay que callar tan callado!

Llanto de sus ojos brota, desolado”.

 

 

 

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