Isabel de Bobadilla (hija)

Daniel Céspedes
16/ 11/ 2018

Hace dos años, tal vez tres, escribí un comentario sobre cómo el símbolo y la alegoría se dan en una escultura tan conocida por los cubanos y, sobre todo, por los habaneros como La Giraldilla. El texto lleva por nombre La Giraldilla, entre el símbolo y la alegoría.

Para mi sorpresa, en julio, si no me falla la memoria que extravía el dato, apareció en un periódico un artículo de una periodista, ahora no recuerdo el nombre, texto no muy extenso pero con algunos datos de interés, donde ella exponía quién estaba detrás de la escultura, o sea, en quién se había inspirado Gerónimo Martín Pinzón: Doña Isabel de Bobadilla.

Pues bien, detrás de la leyenda y siguiéndole las pistas que pudo dejar esta dama del Viejo y Nuevo Mundo, he hecho mis investigaciones hasta para incrementar los datos de la Isabel de Bobadilla (hija) (debe especificarse así, pues su madre tuvo igual nombre), tuvo como padre a Pedrarias Dávila, fundador de Panamá y gobernador de Nicaragua.

Por si fuera poco fue nieta de Francisco de Bobadilla, el hombre que remplazó a Cristóbal Colón en La Española. Isabel de Bobadilla hija, luego de su madre, proyectaría el apellido en tierras de América y luego en la propia España casi tanto como su tía Beatriz Fernández de Bobadilla, marquesa de Moya y Peñalosa, una de las mujeres –y esto se dice poco- que más ayudó a Colón en su primer viaje, ya que era amiga nada menos que de la reina Isabel la Católica, a tal punto que había un refrán que se escuchaba en el siglo XV y todavía en el XVI donde se afirmaba: "Después de la reina de Castilla, la Bobadilla".

Pues Isabel de Bobadilla se casó en 1537 con Hernando de Soto, quien llegaría a ser primero en estas tierras gobernador de Santiago de Cuba. Más tarde alcanzó el cargo de Gobernador de la isla de Cuba entre 1538 y 1539, en este último año parte a la conquista de la Florida y deja a Isabel de Bobadilla la gobernación de la Isla de Cuba. O sea, que fue la primera mujer española que en el Nuevo Mundo ostentó tal jerarquía, pues Beatriz de la Cueva lo desempeñaría en Guatemala pero en 1541.

Como sabemos, Hernando de Soto, conquistador del Perú y pionero de la conquista de la Florida, murió buscando la mítica fuente de la juventud. Isabel no lo volvió a ver nunca más y, aunque pudiera suponerse que lo esperó un tiempo, de hecho duró la espera tres años, la leyenda propició la asociación con Penélope, ¿una Penélope criolla? No hay que exagerar.

Para 1546 ya estaba instalada en España, pues se conoce de una carta de su autoría redactada al entonces príncipe y futuro rey Felipe II. El propósito de la misiva se centraba en reclamar los derechos de su esclava morisca Isabel para que la dejaran regresar a La Habana con sus dos hijos y así vivir con su marido el pescador Alberto Díez.

De Bobadilla le había dado la libertad luego de la muerte de Hernando de Soto y al respecto recuerda el investigador Juan Francisco Maura en su esclarecedor texto Señoras y esclavas blancas en las Américas.

La Isabel de Bobadilla y su esclava Isabel: "Esta mujer valiente, que no dudó en hacerse cargo de la gobernación de la Cuba, tampoco dudó a la hora de dirigirse al hombre más poderoso de España del momento, cuando pensó que los derechos de su esclava merecerían sacrificio". (Cuadernos Hispanoamericanos, julio-agosto 2014, Nº. 769-770, p.81)

En España siguió también con un pleito que arrastraba desde Cuba y lo había iniciado en rigor el conquistador Hernán Ponce de León, quien por dinero y fama, traicionó a Hernando de Soto. Isabel de Bobadilla moriría pobre, inmortalizada por el escultor Gerónimo Martín Pinzón y no se olvide, por el propio Inca Garcilaso de la Vega, quien la describió en su "Historia de la Florida" como una mujer de una hermosura extrema, así como de una gran bondad y discreción.

 

 

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