Algunos aciertos y estragos de la música

Yamilé Jiménez
15/ 01/ 2019

Desde las antiguas civilizaciones en India, China, Egipto y otras tantas, la música estaba indisolublemente ligada a las actividades y funciones más importantes de la sociedad, y entre sus múltiples ventajas ha estado (desde siempre) su asistencia y soporte en numerosas labores; así como su empleo en la prevención, recuperación y rehabilitación de la salud de los seres humanos.

Se sabe entonces que la música produce una serie de aciertos y beneficios en aquellos que la practican de forma profesional o como aficionados, o simplemente en quienes la escuchan. Pero, no todo son provechos.

Luego de siglos de investigaciones, muchos de los beneficios que produce la música han rebasado la barrera de la especulación, para integrar estudios científicos realizados en diversas universidades, y avalados en centros especializados en estos temas.

Comencemos por citar una publicación en la revista Nature Reviews Neuroscience de la Universidad Northwester en Estados Unidos, en la cual se afirma que la músicamejora el vocabulario, y asegura que durante el entrenamiento musical para tocar un instrumento se establecen conexiones neuronales que contribuyen también otros aspectos de la comunicación humana.

De hecho, esta ventaja explica en gran medida por qué los músicos son capaces de escuchar mejor una conversación, cuando hay ruido de fondo; mientras que al común de los mortales se le dificulta la escucha.

Igualmente científicos de la Universidad de Brunel, en un estudio publicado en la revista Journal of Sport & Exercise Psychology, demostraron que escuchar cierto tipo de música (fundamentalmente de los géneros rock y pop) aumenta la resistencia al ejercicio físico intenso hasta un 15%.

Expertos del Centro Médico de la Universidad de Maryland han asegurado que escuchar música beneficia al sistema cardiovascular tanto como hacer ejercicio o tomar ciertos medicamentos. Concretamente, analizando la respuesta de los vasos sanguíneos con ultrasonidos mientras escuchamos música, los científicos señalaron que el diámetro de los mismos, medido en la parte alta del brazo, aumenta un 26% con nuestra música favorita.

En contraste, la música que calificamos como estresante o adversa a nuestra complacencia hace que los vasos se contraigan un seis por ciento.

Los experimentos mostraron de igual modo que escuchando canciones que invitan a bailar, los vasos sanguíneos se dilatan un 19%, mientras que la música relajante produce una expansión del 11%.

Estos y otros beneficios han sido evidenciados, al igual que una serie de daños o descréditos que, si bien no son producidas directamente por la música, esta contribuye de manera negativa.

Comencemos por citar un artículo publicado en Applied Cognitive Psychology donde se asegura que escuchar música de fondo mientras estudiamos, leemos o realizamos cualquier tarea cognitiva, reduce dramáticamente el rendimiento y que por tanto optar por el silencio sigue siendo la mejor opción.

Una investigación francesa dada a conocer en la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research asegura que la música alta en los bares o centros recreativos incita a beber mayor cantidad de alcohol en menos tiempo; y, de hecho, cuanto más alto es el volumen de la música más rápidamente nos sentimos incitados a consumir la bebida.

Por último y como dato curioso, más allá de los aciertos o estragos de la música, según un estudio realizado en las universidades de California y Arizona, que publicó la revista Science, el oído derecho recoge mejor los sonidos del habla, mientras que el izquierdo, responde mejor a la música. Incluso al nacer, el oído está estructurado para distinguir entre los diferentes tipos de sonidos y enviarlo al lugar correcto en el cerebro.

 

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