Son muchos los ejemplos de músicos, escritores, científicos e inventores cuya genialidad favoreció al progreso, a lo largo de la historia.
Sin embargo, detrás de algunos de estos grandes hombres, se ocultan personalidades irritables y coléricas hasta el punto de que el genio y el mal genio podrían considerarse como hermanos inseparables.
En cuanto a los músicos, abundan los casos de genios con un temperamento difícil.
Georg Friedrich Händel, por ejemplo, fue encargado de formar una compañía de ópera para cantar ante el rey de Inglaterra. Una prima donna regordeta y de escaso mérito se negó a interpretar un aria expresamente compuesta para ella por el mismo Händel; y este, lleno de indignación, cuentan que la agarró y quiso tirarla por el balcón.
El célebre director de orquesta Thomas Beecham también era famoso por su mal genio y las envenenadas frases que soltaba a todo el mundo, no dejando «títere con cabeza».
En cierta ocasión, tras finalizar el ensayo para un concierto, quedó sumamente decepcionado y sobre todo enfadado con el trabajo que había hecho la sección de contrabajos de la orquesta sinfónica que dirigía.
Sin pensárselo dos veces Beecham les soltó a los músicos: «La última vez que oí un ruido semejante, fue cuando mi esposa decidió cambiar los muebles de sitio».
Igualmente refieren que Johann Sebastián Bach era muy estricto y no permitía un desliz de sus músicos durante una ejecución.
Sus biógrafos relatan que cierto día el organista de la iglesia de Santo Tomás tuvo una pequeña falta y Bach le arrancó la peluca, la tiró al suelo e indignado le dijo: «Más valía que se dedicase a remendar zapatos».
Otro gran genio con mal genio, fue Ludwig van Beethoven. Anécdotas de la época relatan que, en las lecciones que impartía a señoritas, cuando ellas no ejecutaban en la forma indicada por él, rompía escribanías o hacia trizas las partituras completas.
Cierto día, Beethoven estaba tocando en una reunión y alguien interrumpió conversando, ante lo cual se levantó y gritó: «No quiero seguir tocando para cerdos»; y de inmediato, abandonó la sala.
