Para todo el mes de julio el capitalino Café Teatro del Centro Cultural Bertolt Brecht acogió una vez más al Pequeño Teatro de La Habana y su director José Milián con su más reciente estreno: Las criadas asesinas.
El Premio Nacional de Teatro del año 2008 adaptó la obra de Jean Genet al estilo del conjunto para realizar un montaje donde la austeridad de la escenografía y el vestuario se contraponen a la desmesura de la banda sonora y las actuaciones.
Es, esa dicotomía, uno de los principales atractivos del espectáculo.
El espacio está compuesto por una especie de sillas, que en ese juego de Clara y Solange, se convierten en celdas, cama, mesa, trono y banquillo del acusado.
De un gran baúl los actores extraen accesorios, fundamentales, que hacen una breve estancia en escena y luego vuelven a ser guardados. Sólo unos minutos bastan para que el espectador lea el significado de los vestidos que no se pondrán criadas ni señoras, para que reconozca el arma homicida o contemple plácidamente una taza de té.
Esta es una obra que transcurre a la velocidad de un pensamiento criminal. Uno de esos que son engendrados en lo más hondo de la angustia y la miseria humana.
Creo que al director le interesa ir dejando sólo las pistas de un juego que se completa en el espectador.
Por eso la imagen de la señora se compone de un guante fino y una chalina. Mientras las criadas se ven como plumeros, trapos y guantes de goma.
Con escasos elementos cada actor es capaz de encarar a su personaje desde la ironía y el desatino propio del absurdo. La decisión de que fueran actores quienes interpretaran a las tres mujeres es, a mi juicio, el mayor acierto del espectáculo; pues Alejandro Rodríguez, Rigoberto Rufín y Fabián Mora, son tan verídicos en sus personajes, como estos nos parecen insólitos y ficticios.
Es otra dicotomía que preside la obra de José Milián, quien se esfuerza por mostrarnos el absurdo de la vida, y en esa distorsión de lo real, nos entrega la realidad misma.
A los que buscan la verdad sobre la escena los invito a jugar con las criadas asesinas, un juego tan brevísimo y mortal como un sorbo de tila envenenada.
