Uno de los espacios más esperados del 14º. Festival Nacional de Teatro lo fue sin duda el dedicado a Virgilio Piñera como colofón de una serie de homenajes que han tenido lugar en varios momentos de este año.
El acontecimiento afincado en la provincia de Camagüey aprovechó la ocasión para presentar el número 94 de La Jiribilla que, en su edición impresa, dedica un dossier al autor de Aire Frío.
Enriqueció el diálogo una mesa donde fueron recordados el Piñera camagüeyano y su poesía de esa etapa juvenil, Raúl Martín y Alexis Díaz de Villegas desmontaron espectáculos como Los Siervos y El Trac; mientras el investigador Omar Valiño resumió distintos momentos dedicados a Virgilio en 2012, incluido el más reciente espacio en Miami con El fogonazo del absurdo.
Un apartado especial por el centenario del natalicio del escritor demostró que pensar a Piñera en la Cuba de hoy implicó, para los teatristas reunidos en Camagüey, pensar el teatro cubano todo.
VIRGILIO EN CAMAGÜEY
La ciudad cubana de Camagüey se erigió como parte de las celebraciones en la Isla por el centenario del nacimiento de Virgilio Piñera, recordado en espacios teóricos por intelectuales de la urbe, donde también vivió y encaminó sus pasos creadores.
Tenía entonces 13 años de edad cuando la familia decidió instalarse en una casa de la calle Cristo, frente al cementerio, procedentes del poblado capitalino de Guanabacoa.
Luego ocuparían otras casas en la Avenida de los Mártires, del reparto La Vigía, en la calle Palma y posteriormente en el reparto La Zambrana. Cuentan que en aquella última Virgilio escribirá sus primeros poemas y organizó representaciones teatrales, con sus hermanos y amigos del barrio, en un escenario improvisado en la sala de su hogar.
En Camagüey, el futuro dramaturgo, poeta y ensayista, cursaría el bachillerato e incursionó en estudios del piano en el conservatorio de Félix Rafols, integrándose también a su Coral.
Fue por aquella época cuando decidió participar de la Hermandad de los Jóvenes Cubanos, que se habían propuesto renovar el anquilosado ambiente cultural de la ciudad, de la cual sería primero vocal y más tarde Director de Cultura.
Así fue como el 8 de diciembre de 1936 la Hermandad decide auspiciar la presentación del habanero Teatro de Arte La Cueva, bajo la dirección de Luis Alejandro Baralt, que estrena en el teatro Principal La luna en el pantano, del propio Baralt, y al día siguiente pone en escena Ixquic, tragedia mitológica maya-quiche, del guatemalteco Carlos Girón Cerna.
A Virgilio Piñera, en calidad de Director de Cultura, escribe la presentación en el programa.
Nos hemos enfrentado a los clásicos molinos de viento del Quijote, y derribados están en la llanura. Con nuestra adarga de la voluntad recia y la lanza del tesón que sabe de hierros hostiles triunfamos en la gesta hermosa de un carísimo anhelo.
El noble gozo de la emoción sincera recorre nuestras fuentes internas de jubilo, en una constante y alocada transposición, señalaría.
Es evidente que ese aire transformador escénico, introducido por Virgilio en la Hermandad, es producto de su actualización y a la vez rechazo al vetusto teatro español que se enseñoreaba en los tablados y entre las agrupaciones locales de aficionados, viciadas por esa dramática decadente, según ha señalado Manuel Villabella.
En el artículo titulado Virgilio Piñera y el Camagüey, el analista subraya que el escritor conocía los intereses de La Cueva a favor de un teatro nacional con problemas propios, teniendo en cuenta estilos y modos novedosos surgidos en otras latitudes, pero sin abandonar la creación de una dramaturgia cubana.
De tal modo la presentación del colectivo resultó decisiva para Virgilio, quien recordaría tiempo después cómo aquel le permitió conocer el teatro por dentro.
Pero no fue eso lo más importante, sino que el hecho estimulador de ponerse por delante el teatro incitándome a escribirlo yo también. Resultado: escribí una obra en tres actos Clamor en el penal, evocaría.
De manera que la primera obra teatral de Virgilio Piñera, así como sus iniciales poemas fueron escritos en Camagüey, según recuerda Villabella.
Esa connotación y la trascendental fecha recordada a lo largo de 2012 en el país, llevó a concebir un apartado destinado a la obra dramática de Virgilio Piñera en el 14º. Festival Nacional de Teatro, con sede en Camagüey.
Insertado en los homenajes a Piñera por el centenario de su natalicio, el programa abrió con una ovacionada representación de Dos viejos pánicos que ofreció el elenco santiaguero de A Dos Manos, del que medios locales trascendieron las actuaciones de Nancy Campos y Dagoberto Gaínza al asumir los roles con elevado impacto.
Asimismo se previó la puesta del monólogo Un jesuita en la literatura por Osvaldo Doimeadiós, en un montaje de Carlos Díaz para la compañía habanera de Teatro El Público que dirige, la cual sumó además El trac por Alexis Díaz de Villegas.
Los organizadores sumaron al también capitalino Argos Teatro con Aire frío; y La boca, por El Taller, para completar el referido ciclo.
Fuente / Televisión Camagüey
