La avidez por la experimentación y la búsqueda en el tránsito de los modelos aprendidos han impulsado la carrera del joven dramaturgo Rogelio Orizondo este 2012.
Tres obras llevadas a la escena y un Premio de la Crítica Literaria el año anterior por Ayer dejé de matarme gracias a ti Heiner Müller, avalan los resultados de su inquietante persistencia en la creación.
Una carrera ascendente que marca su inicio en 2007, cuando apenas comenzó el cuarto año de Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte, ISA, y obtiene el Premio David por el texto de Vacas, que más tarde sería llevado a las tablas por Miguel Abreu y el Estudio Teatral Buendía.
La escritura de Orizondo ha estado vinculada a publicaciones, revistas especializadas y los boletines de los festivales de teatro en el país; al tiempo que, en los últimos tiempos, alterna la crítica con la dramaturgia como un ejercicio profesional y abre puertas a su obra desde la dirección artística.
El joven multilaureado, que acumula además el Virgilio Piñera 2010 de dramaturgia, integra la nómina de la antología Novísimos dramaturgos cubanos, publicada por la Casa Editorial Tablas Alarcos donde se diera a conocer La hijastra, pieza que sirvió de inspiración este año a la controvertida puesta de Juan Carlos Cremata.
Vinculado siempre a las jornadas de teatro foráneo, con textos que parten de su propia concepción muchas veces, le vimos en la más reciente Semana de Teatro Alemán con Perros que jamás ladraron, asumida bajo su dirección por actores de Teatro El Público.
Rogelio Orizondo es profesor del ISA. Desde allí fraguó muchos de sus argumentos y, en su interrelación con los alumnos, prueba también sus caminos de exploración.
Su sueño como dramaturgo fue trabajar con Carlos Díaz y este año se concretó en más de una ocasión. Antigonón, un contingente épico, proceso creativo que tuvo su prueba de fuego en el 14º. Festival Nacional de Teatro de Camagüey, es una obra por encargo del director de El Público para graduar a dos estudiantes de la también nombrada Universidad de las Artes.
Satisfecho con la recepción de los espectadores y la crítica en ese difícil escenario, Orizondo espera ahora que suba a la sala Trianón, acontecimiento que es probable ocurra en el primer trimestre del próximo año.
Alguien diría que la suerte ha sonreído a Rogelio Orizondo, pero lo cierto es que sus éxitos son resultado de su talento y constancia, lo que –por demás- ha sido su empeño en interactuar con la realidad de este país desde su propia creación.
