El violinista y compositor matancero José Silvestre White Laffite (1836-1918) es una de las figuras más prominentes del siglo XIX cubano y latinoamericano y su vida; además de alabanzas de la más rigurosa crítica y efusivo reconocimiento de músicos y públicos diversos, también exhibe pinceladas y detalles que aderezaron los 82 años que duró su existencia física.
Sin dudas, White fue un niño prodigio ya que con escasos años comenzó a tocar el violín y a componer para instrumentos de cuerdas. Siendo aún adolescente creó una partitura para coro y orquesta y con menos de 20 años dominaba más de 15 instrumentos musicales, algunos incluso con destreza como el violín en primer lugar , la viola, el violonchelo, el contrabajo, el piano, la guitarra, la flauta, el corvetín y la trompa.
En 1855 ofreció su primer concierto público como violinista y al año siguiente marchó a Francia y matriculó en el Conservatorio de París donde no tardó en adjudicarse el Primer Premio en el Concurso auspiciado por esa entidad académica, lo que le proporcionó una tangible credencial como talentoso intérprete.
En resumidas cuentas, con poco más de 20 años, el cubano José White era reconocido en el Viejo Continente como auténtico virtuoso del violín, y la famosa Gazzete Musicale parisina preguntaba en una reseña fechada en agosto de 1856: …"¿Cómo este hijo de la virgen de América se ha hecho el émulo de los más grandes violinistas conocidos en Europa?"…
A lo largo de su vida, José White se presentó, violín en mano, en salas y teatros de Francia, España, Estados Unidos, Inglaterra, México, Panamá, Chile, Venezuela, Argentina, Uruguay, Portugal y Brasil y en algunas ocasiones tocó para las raleas aristocráticas mas encumbradas de Europa, recibiendo altas condecoraciones por su desempeño, como por ejemplo, la Orden Carlos III recibida de manos de la Reina Isabel II.
Arropado por la fama, White volvió a Cuba en 1859 y además de tocar en su ciudad natal, compuso varias piezas de inspiración criolla: Fantasía cubana, Estudios No 6 op 13 para violín, Bolero de concierto y, una de las más conocida de todas sus partituras: La bella cubana. (Esta obra, según citan algunas fuentes, fue una de las primeras grabadas, de forma experimental por Thomas Alva Edison).
A finales de 1860 White regresó a París continuando su carrera de concertista y consagrándose como compositor con la creación en 1864 de su Concierto en fa menor para violín y orquesta, que la crítica parisina calificó el día de su estreno el 3 de marzo de 1867 como…"una de las composiciones modernas mejores de su género que hemos escuchado…precioso y brillante para poner de relieve el talento de ejecución del virtuoso…" (Algunas informaciones aseguran que durante más de 100 años esta partitura estuvo perdida y reapareció en el escenario del Lincoln Center de Nueva York, en 1974).
Los elogios marcaron siempre la carrera concertista del cubano José White alabando su dominio técnico, su belleza y delicadeza de sonido, así como su buen gusto interpretativo y su excelente domino del arco.
Muchos de los elogios llegaron a través de los músicos más famosos de su tiempo como Franz Liszt, Charles Lalo, Camille Saint-Saëns, Pablo Sarasate y Charles Gounod, entre otros.
Para desplegar sus innegables cualidades como ejecutante y durante unos años, le acompañó un violín Stradivarius llamado "Canto del cisne", archivado como el último instrumento diseñado por el célebre lutier cremonés.(Numerosas fuentes sostienen que para obtener el preciado violín el músico cubano vendió dos casas que poseía en su natal tierra matancera, por la cifra de 25 000 francos).
White volvió a Cuba en1874 y se presentó en varios escenarios de La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas y en todos sus conciertos contó con el acompañamiento del pianista Ignacio Cervantes.
De aquí partió a México, no sin antes haber recaudado fondos para ayudar con las ganancias de los conciertos, a los cubanos que luchaban contra la colonia española.
Luego, en 1877 realizó una gira por varios territorios de Suramérica, donde una vez más sus atributos como intérprete fueron celebradas: "… la distinción y el buen gusto son innatos en él, y si el arte confiriera cartas de nobleza, diríamos que el Sr. White es más noble que un duque..."
Después de 15 años de ausencia, José White regresó a París y a su copiosa actividad como concertista a la que enlazó una ardua labor como docente, y una valiosa participación en diferentes concursos internacionales en Francia, Italia y Bélgica para ejercer como jurado, a la vez que continuó componiendo obras que hasta hoy nutren el repertorio académico para violín. Murió hace ya 100 años el 12 el marzo de 1918 en la ciudad de París.(Algunas fuentes aseguran que en su vejez vivió en soledad y agobiado por penurias económicas, razón ésta última que le obligó a vender su inseparable violín "Canto del cisne").