Músicos y hermanos Parte I

Anniett Martínez Pérez
18/ 07/ 2018

A través de los años, las familias musicales han suscitado numerosas anécdotas: los Bach, por ejemplo, dominaron el mundo musical alemán. Johann Sebastian fue uno de los más extraordinarios músicos de todos los tiempos y sus hijos llevaron en alto el apellido durante el siglo XVIII.

Lo propio para los Scarlatti en Italia y España, o los Couperin en Francia, durante la misma época. En el siglo XIX los Strauss, padre e hijos, hicieron bailar al ritmo del vals, primero a Viena y finalmente a toda Europa.

Sin embargo, en el anecdotario de hoy, nos referiremos a la unión musical entre hermanos, algo que también aviva la imaginación del público.

Leopold, el padre de Mozart, recorrió Europa presentando a sus hijos: María Anna y Wolfgang Amadeus, cinco años menor, que con el tiempo se convirtió en un adulto prodigioso.

Conocida también como Nannerl, María Anna Mozart, quedó eclipsada por su hermano Amadeus, con quien llegó a compartir giras bajo la tutela del padre de ambos, el también célebre Leopold Mozart.

Durante el siglo XIX los más celebrados fueron los Mendelssohn: Fanny nació en 1805 y Félix en 1809, más que dotado era niño prodigio. Fanny tuvo que componer de forma anónima.

Aunque participaba en los "domingos musicales" que su madre organizaba, en realidad estos sirvieron sobre todo para dar a conocer a su hermano.

Al contrario de Leopoldo Mozart, Abraham Mendelssohn no hizo de ellos un negocio, no lo necesitaba porque era inmensamente rico: a la hora de la verdad le cortó las alas a Fanny y le facilitó las cosas a Félix, que se convirtió en el músico más respetado de Europa tras la muerte de Beethoven. Curiosamente Mozart y Mendelssohn, niños prodigio, murieron prematuramente.

Las hermanas Giulia Grisi y Giuditta Grisi fueron dos de las cantantes más célebres del siglo XIX. El arte les corría por las venas pues su tía Giuseppinna Grazzini fue una de las grandes divas de principios del siglo y amante de Napoleón y del Duque de Wellington.

Giuditta, la mayor, era contralto. Se hizo famosa cuando Bellini le escribió su ópera Montescos y Capuletos. No dejó una huella tan honda como Giulia porque no era soprano; en la cumbre de su carrera, cuando era la contralto más solicitada del mundo, falleció a sus 34 años.

Giulia nació en 1811 y basta anotar que cantó en el estreno de Norma y Los puritanos, de Bellini. Como se casó con Giovanni Mario, el tenor más famoso de su tiempo, que era noble, podía presumir de su título de Marquesa de Candía. Fue una de las primeras divas en realizar giras por América y su carrera se prolongó por más de 30 años.

Los hermanos más famosos del mundo musical durante las últimas décadas del siglo XIX e inicios del XX fueron los De Rezke, que eran polacos.

Jean, el mayor, se dice que fue el tenor más famoso y mejor pagado del mundo. Su voz rozaba la perfección, era un músico refinadísimo, excelente actor y muy guapo para los cánones de la época.

En el mundo de los tenores, Jean, que empezó su carrera como barítono, no tuvo rival porque lo cantaba todo, y fue el primer tenor que consiguió cantar, y no gritar, la música de Wagner.

Edoard, tres años menor que Jean, fue el mejor bajo del mundo, el mejor de la historia desde Luigi Lablanche que cantó en el entierro de Beethoven y en el de Chopin. Edoard era un gigante y poseía la voz del trueno. Al decir de Georg Bernard Shaw era: "alarmantemente potente".

Por supuesto que las expectativas subían cuando los hermanos De Rezke cantaban juntos, un lujo que pocos teatros podían permitirse, más aún cuando su presencia era exigida por la Patti o por la Melba, que eran las más famosas y las más costosas sopranos del mundo.

Jean y Edoard tuvieron una hermana, Josephine, soprano, que cantaba con ellos, pero prefirió retirarse. El hermano menor, Víctor, poseía una voz preciosa, pero se negó a estudiar canto y en cierta ocasión dijo: "Ya hay suficientes locos en esta familia".