La armónica, popular y culta

Yamilé Jiménez
04/ 09/ 2018

Desde 1989, cada mes de agosto se celebra en Idaho, Estados Unidos, el “Yellow Pine Harmonica Contest”, un concurso donde los participantes batallan por convertirse en el mejor intérprete de armónica.

Sin embargo, aunque este es uno de los eventos más populares de su tipo, no es ni remotamente el único ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo.

En ciudades como Trossigen y Klingenthal, (Alemania) o en Hong Kong, (China), o Florida y California , (Estados Unidos) o Winterthur, (Suiza), o Bristol, (Reino Unido), o Turon (Polonia), además de varias localidades de la zona asiática del Pacífico, son muy comunes encontrar diversos tipos de certámenes que, durante varios días, sitúan a los armonicistas en el centro de atención.

Además de los desafíos competitivos, el programa de estos eventos incluye clases magistrales para dúos, tríos, bandas y diversos tipos de formatos, así como numerosos conciertos en los que suelen participar expertos y consagrados de la armónica.

Aunque todos al escuchar el sonido de una armónica pensamos automáticamente en la música country y otros géneros de la música estadounidense, lo cierto es que su creación se le ubica en 1821 y se adjudica al fabricante alemán de instrumentos musicales Christian Friedrich Ludwig Buschmann (1805-1864) aunque también se asegura que otros inventores desarrollaron instrumentos similares al mismo tiempo.

Pero volviendo a los Estados Unidos, no caben dudas de que la armónica ha sido un instrumento muy popular desde su llegada y se dice que el mismísimo presidente Abraham Lincoln llevaba siempre una armónica en su bolsillo y solía tocarla con destreza y regularidad.

Durante los años de la Guerra de Secesión (1861-1865) los soldados de uno y otro bando encontraron en este pequeño instrumento un consuelo para mitigar los desmanes de la contienda al ser fácil de trasladar y también de tocar. Luego, y sin que nadie sepa la causa, también se hicieron muy populares en las cárceles y en los campos de algodón del suelo norteamericano.

Con la entrada de siglo XX muchas de las armónicas que se escuchaban en E.U. procedían de Alemania, costaban escasos centavos y eran ejecutadas por intérpretes de blues, conjuntos de jazz y de música tradicional. A partir de entonces este instrumento que para muchos no pasaba de ser un juguete y un mero pasatiempo, en manos de expertos fue adquiriendo visos de seriedad y con innovadoras técnicas, alcanzó una categoría superior.

Así sobrepasó los géneros de la música popular y gracias a Larry Adler (1914-2001) compositor y virtuoso de la armónica, el instrumento consiguió un sitio dentro de la música académica. Adler siendo un adolescente se ganaba la vida tocando en clubes neoyorkinos y con 25 años debutó como intérprete de la armónica acompañado por la Orquesta Sinfónica de Sidney. Entre sus obras destaca su versión del Rhapsody in Blue, de George Gershwin, considerado el primer solo de armónica de la historia de la música.

También interpretó obras de Ralph Vaughan Williams, Malcolm Arnold, Darius Milhaud, Arthur Benjamin y Joaquín Rodrigo.

Otro destacado interprete de este instrumento fue el argentino Victor Hugo Díaz (1927-

1977) quien además contó con el apoyo de la casa alemana Hohner, especializada en la construcción de armónicas desde su fundación en 1857 y la cual provee , hasta la actualidad a la mayoría de los armonicistas profesionales.

Este músico argentino llevó su armónica por diversos sitios del mundo y para la historia han quedado registradas sus actuaciones junto a grandes intérpretes de la música como el trompetista Louis Armstrong en Estados Unidos, y la soprano lírica Renata Tebaldi y el tenor italiano Mario del Mónaco teniendo como escenario el teatro La Scala de Milán.

La armónica comenzó su andar en la historia sin demasiadas pretensiones pero hoy su participación se ubica en variados género como blues, jazz, música folk, música clásica, country, rock and roll y pop y tal vez por ello y su evidente aceptación fue uno de los instrumentos musicales más vendidos durante el pasado siglo XX.

El carácter polifacético de la armónica lo trajo a la atención de música clásica durante los años 1930. El americano Larry Adler era uno de los primeros jugadores de la armónica para realizar trabajos principales escritos para el instrumento por los compositores Ralph Vaughan Williams, Malcolm Arnold, Darius Milhaud y Arthur Benjamin.

Los Estados Unidos experimentaron una escasez de armónicas durante la Segunda Guerra Mundial. La madera y los materiales metálicos para armónicas estaban en la escasez de oferta debido a la demanda militar.

Además, los fabricantes de armónicas primarios estaban basados en Alemania y Japón, los poderes del Eje en contra de los Estados Unidos y las Fuerzas aliadas con la guerra.

Durante esto, el finlandés Harkon Magnus, un obrero industrial holandés-americano y empresario, se desarrolló y perfeccionado la armónica de plástico moldeado. La armónica plástica usó peines plásticos moldeados y mucho menos piezas que armónicas de madera o metal tradicionales, que hicieron la armónica más económica para fabricar en serie y más sanitario.

Aunque las cañas plásticas en estas armónicas produjeran un menos distintivo (y, a muchos oídos, inferiores) sonido que sus equivalentes metálicos, armónicas de Magnus y varios imitadores pronto se hicieron triviales, en particular entre niños.

La patente para el peine plástico, sin embargo, se concedió a Guillermo Kratt de Wm. Kratt Company en 1952. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Departamento de guerra asignó un suministro racionado del latón a la fábrica de Kratt por tanto podrían seguir produciendo armónicas que la Cruz Roja pasó al soldado en el extranjero para incrementar la moral.

La guerra civil estadounidense aumentó la popularidad de la armónica. Hohner ya había enviado varias a sus parientes en EE. UU., y los soldados las encontraban fáciles de llevar y de tocar.

Hacia 1900, la mitad de las armónicas hechas en Alemania se vendían en EE. UU. La armónica más usada por los intérpretes de blues clásicos, la Marine Band, apareció en 1896 y sólo costaba cincuenta centavos.

No se sabe cómo se comenzó a usar en cárceles y en plantaciones de algodón. Utilizando la capacidad del instrumento para sonar como un tren, le dio su lugar en obras como Pan-American Blues (de Ford Bailey) o Railroad Blues (de Freeman Stowers).

En los años 50 Joaquim Fusté Alcalà promovió la armónica en España, dando clases, reparándolas, y también era representante de las mejores marcas de armónicas.

Fundó, fue director y participe del conjunto de armónicas Les Akord #39; y consiguió con el conjunto Les Akord’s el título de campeón mundial entre los armonicistas en Winterthur, Suiza (1955); Luxemburgo (1957) y en Pavía, Italia (1960).