El 18 de octubre de 1878 nació en la ciudad de Barcelona un importante guitarrista y compositor: Miguel Llobet Solés; pero su vida trascurrió a medio camino entre los dos grandes gigantes de la guitarra española: Francisco Tárraga (1852-1909) y Andrés Segovia (1893-1987), lo que ha condicionado, en alguna medida, que su impronta no alcance siempre el reconocimiento que merece.
Dicen quienes lo conocieron que Llobet era una persona amable, bondadosa y culta y que una de sus pasiones fue, antes que ninguna otra la pintura. Su padre fue escultor y desde bien temprano y durante toda su vida Miguel pintó con talento y habilidad, de hecho, la última de sus exposiciones pictóricas tuvo lugar en uno de los mejores salones de arte de Barcelona.
No obstante, la música fue su principal y más fuerte vocación y cuando comenzó a los 16 años sus estudios en el Conservatorio Municipal de Barcelona, la casualidad hizo que tuviera por compañeros a María Barrientos y a Pablo Casals, que en el canto y el violonchelo respectivamente, se convirtieron luego en tan grandes artistas como lo fue Llobet en la guitarra.
Para 1901, luego de finalizar su faena en el conservatorio, el joven guitarrista comenzó a presentarse ante diversos públicos y dos años más tarde efectuó una gira por varias ciudades españolas en la que llegó a tocar para la familia real en Madrid. Sin embargo, a pesar de haber conseguido cierto reconocimiento, las posibilidades de continuar desarrollándose en suelo español eran restringidas, razón por la cual, en 1904 se trasladó a París.
Allí, gracias al pianista español Ricardo Viñes, gran amigo de Ravel y Debussy y profesor de piano de Poulenc, Llobet logró insertarse en el círculo musical parisino y en poco tiempo se convirtió en un cotizado profesor de guitarra y un invitado frecuente en veladas privadas.
Durante los siguientes años ofreció numerosos conciertos por Europa y en 1910 realizó la primera de sus numerosas giras por Argentina que repetiría dos años más tarde incluyendo otros países sudamericanos y Estados Unidos. Al finalizar la Primera Guerra Mundial y por más de una década el músico catalán se presentó en varias ciudades de Alemania y Austria y también en Inglaterra, Italia, Hungría y en la Península Escandinava.
Con su labor de concertista de muchos años, Miguel Llobet logró una modesta posición que le habría permitido pasar con tranquilidad la vejez, en ciudad natal; pero los acontecimientos que estallaron en España en 1936 desarmaron sus proyectos tanto como sus esperanzas.
La angustia, la incertidumbre y el derrumbamiento de todo lo que había construido con el esfuerzo de su vida dedicada a la guitarra, deterioraron su estado de salud y en febrero de 1938, poco antes de cumplir 60 años, Miguel Llobet falleció en Barcelona a consecuencia de una pleuritis.
Además de conocerse como guitarrista, Miguel Llobet compuso a lo largo de su vida y muchas de sus obras fueron editadas en Europa y Argentina.
Entre sus partituras más relevantes destacan: Estudios y Preludios para guitarra sola, Romanzas, Mazurkas, un Scherzo-vals y unas variaciones sobre un tema de Fernando Sor y desde 1989 existe una edición de sus obras originales así como de transcripciones para una y dos guitarras bajo el título: “The Guitar Works of Miguel Llobet”.
Sus obras son consideradas las más creativas y revolucionarias para la guitarra compuestas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y el gran crítico Adolfo Salazar le consideraba no sólo el guitarrista más importante de su generación, sino también el que más hizo para aumentar en su tiempo, el repertorio guitarrístico.
El poeta nicaragüense Rubén Darío, le dedicó estos versos:
¡Oh, Llobet, lleno de sol, amor de España!
¡Artista lleno de púrpura y de oros!
¡Guitarra que da el clavel, la flor extraña
Regada por la sangre de los toros!
¡Flor de gitanos, flor que amor recela!
¡Amor de sangre y luz, pasiones locas!
¡Flor que trasciende a clavo y a canela,
Roja cual las heridas y las bocas!