El viaje es inherente a la naturaleza
humana: se inicia con el tránsito
primigenio de lo inexistente a lo existente,
para alcanzar luego el túnel al final del
cual, se encuentra la luz.
Nara Araújo
Mucho se ha escrito sobre la voluntad y necesidad de viajar. Pero la literatura de viajes, prima hermana de la crónica y el diario, ha requerido siempre de un diálogo entre la distancia y la cercanía, entre el conocimiento y la ignorancia que amplía la variedad visual de quien visita, camina y observa.
Recuerda el italiano Claudio Magris en su hermoso ensayo "El infinito viajar", que el filósofo austríaco Otto Weininger denunciaba en el viaje la tentación de la irresponsabilidad; pues "quien viaja es espectador, no está implicado a fondo en la realidad que atraviesa, no es culpable de las fealdades, las infamias y las tragedias del país en el que se adentra. No ha hecho él esas leyes perversas y no tiene que reprocharse no haberlas combatido; si el techo que le ampara cae una noche sobre él y no tiene la desgracia de quedar bajo los escombros, no ha de hacer otra cosa sino coger su maleta e ir un poco más lejos".
Pero la visión distante y cercana al mismo tiempo de quien viaja le otorga al contexto, al espacio o al ambiente otras notabilidades, tal vez, para quien ha vivido durante toda su vida en un país y no ha querido o podido verle otros otros detalles.
Una excelente casera que también recorrió mucho mundo fue la norteamericana Edith Wharton, quien escribió además sobre arquitectura y jardinería; ella recomendaba el paréntesis del viaje para poder caminar e internarse en lo ignorado.
Paréntesis del viaje para rendirle al observar en esa confrontación entre lo ya sabido y lo imaginado, lo no visto y la realidad de lo que uno encuentra cuando se detiene a mirar.
Lo que el viaje a caballo y luego en bicicleta o en coche no ha dejado de proponer en todos los tiempos: la fascinación del descubrimiento para ampliar el campo visual.
Se ha pensado alguna que otra vez que los mejores escritores no necesitan del traslado físico para escribir. Pero esto es relativo, pues cuántas páginas nos han legado mujeres y hombres que han hecho del viaje literatura porque lo han considerado como una de las bellas artes.
Uno ha de seguir adelante hasta donde le sea posible, hasta donde le den sus pies impulsados por conocer este estar aquí y allí, ahora y ayer, antaño y hogaño.
Dime por dónde andas y te diré qué clase de viajero eres.