La canción es tan antigua y su uso tan extendido como el mismo canto humano y resulta extremadamente difícil encontrar a alguien que no disfrute escuchando una buena canción o algún pueblo que carezca de este género tan culto como popular.
Entiéndase que en este aspecto no hago distinción entre los trillados términos culto o popular, por el contrario, incluyo desde aquellas melodías monódicas del Medioevo (antifonarios mozárabes), hasta los más variados estilos y subproductos musicales que hoy también (y algunos a mi pesar), se hacen llamar canciones, atendiendo a la significación más general y periférica del término.
Conceptualmente el vocablo describe como canción, una composición vocal generalmente acompañada en estilo más bien sencillo donde se entremezclan música y poesía, intentando lograr complicidad y equilibrio entre ambas manifestaciones del arte.
Durante los siglos XV y XVI se propagó entre los compositores la necesidad de crear canciones, y bajo la nomenclatura de “Cancioneros Renacentistas” desde su creación hasta hoy son altamente apreciadas estas antologías de canciones por su valor documental y musical.
Incluso aquellos compositores que en aquellos tiempos pasaron a la historia básicamente por su aporte a la música religiosa, como Giovanni de Palestrina o Francisco Guerrero, entre otros, también escribieron canciones.
Luego durante el siglo XIX la canción volvió a resurgir frenéticamente como la expresión más intimista del creador romántico, tradición que quizás con menos ímpetu, también atrajo el interés de numerosos compositores en la siguiente centuria.
Desafortunadamente, dentro de repertorio popular un reciente estudio de obras procedentes de una base de datos de la Universidad de Columbia en EE.UU, y pertenecientes a diversos estilos como baladas, rock, pop, hip hop, metal y electrónica, ha concluido que las canciones compuestas en el último medio siglo se parecen más entre ellas que las antiguas, demostrando a grandes rasgos una evidente falta de creatividad musical en su concepción.
Según el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, que publicó un artículo en la revista Scientific Reports relacionado con el tema, la causa de estas semejanzas entre las canciones actuales reside en que las transiciones entre los grupos de notas han disminuido durante los últimos 55 años, y por tanto el parecido es más notorio.
Estos parámetros musicales en las canciones son como las palabras de un texto y hemos observado que cada vez hay menos palabras diferentes y dada una nota musical, es relativamente más fácil predecir cuál será la siguiente en una canción actual, explica Joan Serrá, uno de los voceros del artículo.
Por otro lado, la música actual y en especial la cancionista emplea menor diversidad de timbres y se suele interpretar con los mismos instrumentos y muchas veces hasta con la misma base rítmica. También afirma Serrá que en los últimos años ha aumentado el volumen intrínseco al que se graban las canciones, medida independiente del que cada usuario puede seleccionar para reproducirlas posteriormente.
Estos resultados ofrecen, según los investigadores, una receta teórica para componer canciones que suenen modernas y actuales, y los ingredientes de esta receta no van más allá de: patrones melódicos preestablecidos, cambios de acordes sencillos, instrumentos comunes y volumen fuerte.
Lo peor, a mi juicio, es el alto grado de consumo y aceptación de estas recetas musicales, las cuales incluso, exhibiendo una y otra vez los mismos patrones, son muchas veces reconocidas y premiadas en importantes y multitudinarios eventos donde hace medio siglo atrás, el criterio de selección era mucho más exigente.
No obstante aunque la calidad de la canción empequeñece y se disipa, siempre nos quedará la posibilidad de volver atrás y disfrutar con Juan del Encina, Carlo Gesualdo, Franz Schubert, Hugo Wolf y también con Manuel Corona, Silvio Rodríguez o Martha Valdés.