Aunque el fundamental propósito del artista se concentraba en exhibir su producción pictórica del año 2018 –en una estratégica selección de la enorme cantidad de obras en ese período de labor de este febril creador- la curaduría llevada a cabo por la joven Gabriela Fernández se ocupó de otorgarle un sentido coherentemente narrativo de lo que Carlos René Aguilera venía haciendo, con la inserción de nuevos íconos de la ideoestética que singulariza a quien se reconoce como uno de los más emblemáticos artistas de la plástica santiaguera; a la vez que parte del connotado grupo de pintores del primerísimo nivel del arte cubano contemporáneo.
Del cielo y la tierra, se integró con 32 obras –las más en gran formato- en la sobre-hechura espacial de la Galería Arte Soy, de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba.
Con los característicos osos polares de su fundamento teórico-plástico (que esta vez ocupan especial apartado en la curaduría seguida), además de otros elementos técnicos como el puntillismo de fondo y los conscientemente provocados chorreos de pintura, esta muestra de Carlos René Aguilera presentó algunos novedosos elementos iconográficos –lo habíamos planteado- entre toda su producción pictórica de 2018.
Y me estoy refiriendo a los boomerangs –en algunos casos- y al chequeré –entre otros-, aunque en una de estas piezas en acrílico sobre lienzo (como todas las restantes): Disparo al futuro, podríamos detectar a ese instrumento de percusión como cañón disparando aquellas arrojadizas armas australianas: una suerte de mensaje de lo que está en la tierra y más allá de ella, de aquello que va, aunque siempre regrese.
Del primer grupo: Escape al centro y La flota, en composiciones de un armonioso equilibrio entre instrumentos y seres humanos, que se expanden en el espacio ignoto; del segundo, la exquisita trilogía conseguida –en orden- con Libación, Chamán y El derribo.
Obras todas –en esta concepción- de las más vibrantes que se le conoce a Carlos René Aguilera, lo que sucede también con una de las más impactantes piezas que aquí se insertan y de la que nunca el artista debiera desprenderse: Oráculo, abierta a las mil lecturas o interpretaciones, reducida a escasas gamas cromáticas –el verde, el rosa-siena y el blanco de fondo-, cual espectacular lírica de alientos de esperanza, de una cubanidad de elegantes contenciones.
Y, en esto, los característicos osos polares que han signado su trayectoria artística, lo único que en Del cielo y la tierra, estos blancos plantígrados que ya se hacen tradicionales en ella comienzan a convivir con otros como es el caso de las ovejas, como se observa en cinco piezas, también de gran formato y con una muy bien conseguida composición de poderosa fuerza expresiva: Multitud, Cosita con cosita, Pareidolía, Vigilia y Continentes a la deriva, titulares que igualmente colaboran al planteamiento ideoestético de Aguilera.
En estos discursos interrelacionados ocupan un apartado especial en la última sala de la Galería Arte Soy, lugar en el que también se ubican para una coherente cohabitación otras piezas de las seis titánides griegas. Es decir, otra de las concepciones de los titanes hombres, por lo tanto una singular titanomaquia femenina trastocada en los cuerpos de simpáticos y tiernos osos de peluche que intercambian múltiples acciones y quizás de juegos con –esta vez- diminutos osos polares.
Entonces, Tetis (Diosa del mar), Tea (Diosa de la vista), Temis (encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres), Febe (la de la corona de oro) y Gea que es reflejada en otra pieza en un paño parietal a continuación, alumbrando a uno de esos osos árticos.Un rejuego, insisto, que más que el retozo de estos osos, se nos entrega en una narrativa de significantes de especiales connotaciones para las reflexiones.
Del cielo y la tierra, resulta un compendio de audacia y sagacidad plástica que pone a prueba –una vez más para resultar airosa- el talento creativo de Carlos René Aguilera que pienso (a quien le pueda competer esta idea) que esta treintena de obras se puedan ver –como hecho expositivo- en otras galerías de arte de nuestra geografía.