¿Para qué un crítico de cine lee a otro crítico de cine? Me preguntó hace poco un amigo. Una pregunta a propósito de sorprenderme él releyendo Con ojos de espectador. Críticas y ensayos, de Eduardo Manet (Ediciones ICAIC, 2018), la reciente compilación de Carlos Espinosa.
¿Para qué un crítico de cine lee a otro crítico de cine? Es una pregunta que incluye no solo a los críticos clásicos de este país y foráneos, sino a los colegas del presente. Un crítico de cine a veces lee a otro para facilitar la escritura de su texto a partir de lo que ya ha visto y pensado el otro.
Admitámoslo: hay una manera permisible, aunque un tanto facilista de hacer crítica de cine por cuenta de lo que se viene publicando. Entonces el intérprete de cine, luego de leer a su colega, ve la película o el audiovisual y construye un texto negando o afirmando las opiniones de quien ya ha repasado.
Eduardo Manet no era de depender de un texto para erigir un cuerpo escritural. Pedía y quería ver. Ni más ni menos. En la compilación de Espinosa advertimos al observador curioso y analista arriesgado.
Esa fue mi primera respuesta. Al amigo también le contesté: Al leer a otro crítico, antes o después de ver la película, nos estimula a buscarla. Por muy atentos que estemos ante los estrenos y los clásicos del séptimo arte, no lo hemos visto todo. Por lo que el crítico siempre cumple con la función de promover una obra cinematográfica.
Resulta revelador cómo Eduardo Manet, sin dejar de ser un pensador sobre el cine de su época, pudiera figurar como un crítico del presente. Los clásicos abordados por él prueba su actitud y aptitud interpretativa y valorativa sin subestimar lo informacional. Se advierte, tanto en sus críticas más notorias como en sus revisiones históricas por otras cinematografías y géneros, actores y temas.
Luego, le dije a mi amigo: al leer a otro crítico consideramos la construcción de la crítica y al propio autor, referencias atendibles si queremos entrenarnos no solo en la consideración de un discurso legítimo y legitimador, sino en lo que deseamos hacer si de transitar varios caminos en el análisis y la valoración de una obra se trata.
Las críticas de cine, en general, testimonian una particular recepción y varios tonos a la hora de acercarse y apreciar propuestas fílmicas. Una vez escuché que los críticos de cine no suelen ser buenos escritores.
No lo son cuando se la pasan viendo solo cine y menosprecian otras artes; no lo son cuando leen únicamente de cine; no lo son cuando son elitistas y creen que van a escribir mejor si se interesan en el cine de Bergman y Orson Welles.
Tuvo y tiene mucha razón el veterano José Alberto Lezcano cuando al yo preguntarle: ¿Qué crees de los críticos que solo ven y leen sobre cine? Me respondió: De los críticos que solo leen y ven cine, ¿qué opino? Que no son, no fueron y no serán jamás críticos de nada.
Para que Eduardo Manet emprendiera y mantuviera esas comparaciones entre filmes y las asociaciones entre literatura y cine o pintura y cine, tenía que ser además de un tremendo observador de obras artísticas, un lector constante del mismo ser humano. Voy a poner un ejemplo, un fragmento pequeño del texto "Carlos Saura, Cuenca, Los Golfos", publicado en el n. 10, abril 1963.
Escuchen cómo inicia un texto crítico: "España tiene una cara particular para cada palmo de tierra. Un andaluz no se confunde nunca con un catalán. Así también, de Extremadura a Galicia hay dos mundos. En España, la tierra explica al hombre. Don Quijote debió nacer donde nació: la aridez de Castilla está en sus huesos; el horizonte infinito de la planicie castellana, en sus visiones. Sin Ávila, ¿habría existido Teresa? No creo que Freud haya conocido a España, de lo contrario la lista de sus complejos se hubiese extendido. Porque allí lo que marca no es solo la relación de padre e hijo o de hijo a madre, sino el comercio profundo entre niño y árbol, piedra y niño".
¿Qué prosa es esta que nos recuerda la mejor literatura de viajes, para ser más preciso: Memorias de estío, de la pluma mayor de José Ortega y Gasset, quien ensaya una y muchas Españas? Manet, por su parte, generaliza y precisa hasta aterrizar en el joven realizador Saura.
"Carlos Saura, Cuenca, Los golfos" es un ejemplo del arte de la crítica de cine y lo que, en rigor, sabemos apuntala una subjetividad sensata.
Por último, le contesté al amigo: Es legítimo que recuerden a alguien por lo mejor que ha hecho. Pero, si logra, aunque sea en una etapa breve, sobresalir en otras facetas, es muy justo también que no se olvide.
En este sentido, Carlos Espinosa, quien tiene mucho acierto como investigador y compilador, libera una memoria generosa por inclusiva: la suya en relación con los textos críticos de Manet.
Estas críticas en las páginas de la revista Cine Cubano de los años sesenta, representan una cortesía para quien supo conectar, como pocos, escritura y visualidad.
En efecto, por esa repercusión como director de cine y escritor, es que podemos reconocerlo como uno de los críticos más notables que hemos tenido en Cuba. Las gracias a Carlos Espinosa y a ediciones ICAIC (Mercy, Beatriz, Suney, Jacqueline) por el rescate de Eduardo Manet, escritor de cine.