Una manera de bailar para el divertimento bien diferente

Antonio Fernández Seoane
26/ 12/ 2018

Aunque inaugurada durante el XXVI Festival Internacional de Ballet de La Habana, la muestra colectiva que presentó la Galería Collage Habana del Fondo Cubano de Bienes Culturales no es una exhibición que refrenda al ballet como tradicionalmente se ha realizado a través del arte, ese que ha recogido la belleza del movimiento y de aquellas posturas extremas que tanto hemos visto, sobre todo, en la fotografía artística y documental.

Todo lo contrario, Divertissement -su titular expositivo- centra su discurso curatorial e ideoestético alrededor del cuerpo (en este caso, tomando como pretexto al del danzante) para hacerse plataforma extendida a cuestiones meramente antropológicas y sociales dentro del contexto cubano -como se aclara en uno de los textos para el catálogo de la exhibición-; pero que bien pudieran expandirse a planos universales.

Entonces -en contraposición a aquella belleza externa-, la violentación física, la maestría acompañada -muchas veces- por el intenso dolor, el desgarramiento muscular, la inevitable sangre, la fractura o el esguince o el talento amenazado por el peligro y el arriesgo (términos todos que, al mismo tiempo del mundo del bailarín clásico), sobrepasa esta frontera para hacerse metáfora en los avatares cotidianos, o de otras índoles;  de cualquiera en cualquier sociedad.

Divertissement reúne a un grupo de nueve distinguidos creadores cubanos de las artes visuales, bien plurales en sus respectivos abordajes, fotógrafos per se o que han practicado también la fotografía -y el video-, las dos expresiones en la exposición; como derroteros de sus principios teórico-estéticos y que se han  puntualizado -con obras ya conocidas, de producciones de muchos años anteriores- en los asuntos polares que ahora defiende la curaduría realizada por Deydri Delgado.

De esta manera, «la figura danzaría -como apunta Modesto Serpa en uno de los textos al catálogo-, más que un protagonista de la escena, asoma en cada una de las obras como escombro de una hegemonía cultural».

Por un lado, la espontaneidad de la imagen atrapada del mundo del ballet y, por su lado, el set construido para la cámara; pero en todas las piezas esa suerte de dualidad narrativa de «la disolución del yo en el todo, entre otros, que le tocará al espectador vislumbrar», como escribe la curadora en el primer texto del catálogo.

En esto, es conveniente aclarar lo que significa el título de la muestra colectiva que presentó la Galería Collage Habana hasta este diciembre, por lo que su significado le presta a la exposición como significante de la misma: divertissement, un término francés este que -como todos en esa lengua- rigen posturas, movimientos, figuras y bailes en el panorama histórico del ballet clásico; tratando de traducirlo al español, la acepción de este término es la de un ballet corto, autónomo, de varios intérpretes o solistas, que se introduce en un ballet más grande y que tiene por objeto mostrar los talentos individuales o de grupos de bailarines a modo de diversión, goce o entretenimiento dentro de aquella obra.

La exposición, de esta manera, ha tratado de seguir los pasos mismos que describe la alocusión referida, para hacerse diferente, única -tal vez- en el espectro exhibitivo relacionado con el ballet: una manera otra de abordar este asunto. Y he aquí, el lado contrario a lo que siempre se hace.

Grethell Rasúa -entre los expositores- nos presenta una impresión digital del año 2012 en la que se observa –casi a modo de un singular retrato- las piernas y pies de una bailarina clásica con las zapatillas de punta anegadas en sangre: Tenerse a sí mismo, tan llenos de fe y esperanza; Cirenaica Moreira -en una impresión lambda- con una pieza Sin Título de la serie Con el empeine al revés (2003-2006), cuya denominación en esta imagen habla por sí sola; Lidzie Alvisa con otra impresión digital del año 2010 titulada Profesional, en la que una cinta de zapatillas aprisionan las piernas de una  supuesta bailarina en el sugestivo e impecable abordaje fotográfico del blanco y negro.

Y así, René Peña, con Tutú, en los característicos emprendimientos travestidos de su reconocida obra fotográfica, esta del 2008, o Adonis Flores con Lima, otra forma de esos encubrimientos que calza de botas militares a una bailarina romántica o viceversa, a un militar con traje largo de tul listo para bailar; junto a otras obras de Arien Chang, Glenda León, Leysis Quesada; y el Premio Nacional de Artes Plásticas de 2014, Lázaro Saavedra.

Divertissement, aunque lo pueda parecer, no es una exposición que rinde el tradicional homenaje al ballet desde el elogio a la elegancia y a la belleza exterior –quiero aclarar- de este arte: su fundamento teórico-curatorial nos permite ver ese arte desde otro ángulo diferente -y esa es, precisamente, su fuerza expositiva-, desde una visión antropológica poco usual en este tipo de exhibiciones, el de las posturas del dolor y el sufrimiento de sus intérpretes.