Lo primero que me impresionó de Ramón Freyre Santa Cruz al conocerle personalmente hace unos pocos días fue su juventud. Más, cuando ya alcanza el grado de Doctor en Ciencias Artísticas que le valida su ingreso -como profesor de grabado- a la Facultad de Bellas Artes de la prestigiosa Universidad de Castilla La Mancha, en su natal España.
Ahora, el también artista que es, llegó a Cuba invitado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas a través del Proyecto La Litografía Expandida. Aplicaciones en Cuba que regenta el creador Octavio Irving Hernández.
Primero, su conferencia Grabado en hueco mediante planchas de fotopolímero, que se inscribía también dentro del evento teórico del Noviembre Fotográfico organizado por la Fototeca de Cuba; y más tarde, en el mismo momento en que la inauguramos, con su carga de grabados en fotopolímero con positivo autográfico para su muestra personal Arquitecturas Urbanas, en la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Quizás sea esta exposición un homenaje a la que se le considera la madre de todas las artes. Sin embargo, podría ser igualmente un canto a la vida -más bien- de muchas ciudades del mundo en esa otra mirada a la arquitectura que es la urbanística; y sin dejar de contemplar (claro está) a sus principales moradores, esos que transitan por ellas en el día a día de sus personales avatares, que abren ventanas o cierran puertas, que se asoman a los balcones simplemente para mirar; o utilizándolos como instrumentos mismos para ese accionar de las miles de cosas de específicas y plurales cotidianidades.
Las arquitecturas reflejadas por Ramón Freyre Santa Cruz se dejan manipular a través de las manualidades de aquella técnica del grabado para dejárnoslas ver, quizás, como añejas estampas en una asunción altamente artística del ahora mismo; y en lo que mucho contribuye su esmerado dibujo dentro del absoluto dominio de una de las más complejas y difíciles expresiones de aquel que es la acuarela, pero (mejor) como crónicas de paisajes urbanos de impactante belleza e impecable facturación para un espléndido regalo personal al arte todo.
Entre brumas y aguadas, de ese monocromatismo sepia que colabora al efecto de envejecimiento, del posible recuerdo o de la memoria que no debe morir, surgen estas escenas cual espectros que se dejan rociar con discretos cromos otros para enfatizar la interrelacionada presencia humana dentro de la arrogancia majestuosa de estos edificios en sus fachadas que ostentan estilos reconocibles en cualquier latitud del planeta.
Se reconocen así posibles en la arquitectura de la Gran Vía madrileña o de los canales portugueses; pero también en los tan parecidos de La Habana, cinco veces centenaria: las conjunciones de un omnipresente eclecticismo, la ineludible sensualidad de un Art Noveaux, los rejuegos de valores en los entrantes y salientes de un barroco que se resiste a dejar de ser.
Una mirada a ese tan recurrido asunto en las artes visuales que no podríamos calificar de diferente en estas piezas que conforman la muestra Arquitecturas Urbanas, pero sí signadas por la elegancia de un buen arte y la excelencia del oficio del Dr. Ramón Freyre Santa Cruz, atributos todos que, sin lugar a dudas, lo distinguen.