Certeza y equilibrio en decisiones de jurado

Roberto Pérez León
19/ 02/ 2019

En la ciudad de Cienfuegos, con frecuencia bienal, se convoca a toda la gente de teatro de Latinoamérica. Sucede siempre en febrero que es el mes de aniversario del Teatro Tomás Terry, de esa ciudad del sur cubano, ya con 130 años de fundado este año.

Al concluir las jornadas de trabajo en el IV Festival del Monólogo Latinoamericano tenemos que las propuestas cubanas no alcanzaron las calidades que un jurado de absoluta competencia y reconocimiento internacional buscaba para premiar.

Las categorías concebidas, para abarcar todos los aspectos de un suceso escénico, van desde mejor puesta en escena, mejor actuación femenina y masculina, hasta mejor dramaturgia latinoamericana representada.

Esta vez los cuatro premios fueron a manos de los visitantes. Cuba tuvo una muy poco destacada presencia pese a que el jurado decidió reconocer la labor de tres agrupaciones locales por haberse destacado en algunos de los componentes de una puesta en escena.

Ellas fueron Teatro del Puerto, Grupo La Salamandra y el colectivo Punto Azul. Además, se destacaron los grupos El Rito Prohibido y Teatro Tea de Argentina.

Si por parte del jurado fueron entregados cuatro premios y cinco reconocimientos, entonces de los nueve eventos escénicos celebrados tres correspondieron a Cuba y solo como reconocimientos. El resto recayeron sobre Uruguay y Argentina.

Teniendo en cuenta estos resultados cuantitativos podemos deducir que la curaduría que se hizo no fue la más acertada para la presencia nacional en este IV Festival del Monólogo Latinoamericano de Cienfuegos. Como fuera que haya sido la selección, evidentemente no hubo certeza ni equilibrio eficaz en la muestra de monólogos que llevamos al certamen.

En cinco días hubo diecinueve montajes, de ellos once fueron cubanos. Cuantitativamente teníamos más posibilidades de éxito que los países visitantes que solo trajeron ocho obras. Lo cuantitativo y lo cualitativo son indicadores que en su relación y comportamiento concreto nos permiten sacar conclusiones precisas.

De once propuestas solo logramos que se reconocieran tres, mientras que por el lado de los visitantes de ocho montajes alcanzan cuatro premios, los cuatro que se otorgan en el certamen, y además dos reconocimientos. El comportamiento cuantitativo denota una manifestación cualitativa a tener en cuento para analizar en futuras convocatorias

Uruguay recibió los cuatro premios de la competencia teatral. Iván Solarich mereció el de dramaturgia con No hay flores en Estambul, un texto de solidez absoluta donde se destilan posibilidades teatrales contundente.

La Compañía Independiente con Denise Darágnes triunfó plenamente en actuación femenina por La Incapaz, donde la actriz demuestra con su rotunda presencia el perfecto dominio de lo corporal y lo vocal.

El galardón de actuación masculina estuvo en el colectivo Imagina Teatro Paysandú con Danilo Pandolfo en Manduraco, el carbortero; que demostró ser un actor de desbordante humor y sentido de la mesura en el espacio escénico al recrear deliciosamente un personaje del acervo popular uruguayo.

En tanto, el premio de puesta en escena fue también para Imagina Teatro Paysandú y su director Darío Lapaz por Matrioska, montaje donde se disfruta de una armónica y productiva organización de todos los componentes espacio-temporales para el desarrollo de la representación.

En la representación, los materiales escénicos, la dirección actoral y la disposición y funcionamientos del resto de los sistemas de significación alcanzan una absoluta concreción representacional que hacen de la puesta una suceso estético de mucho virtuosismo.

Estoy muy satisfecho con las decisiones del jurado. Con absoluta certeza y equilibrio pudieron encontrar la médula de espesor estético y de los valores teatrales entre las diecinueve puestas que conformaron la competencia del IV Festival del Monólogo Latinoamericano de Cienfuegos.