Doce sobradas razones para seducir

Antonio Fernández Seoane
05/ 03/ 2019

Doce innegables seducciones, diferentes entre sí en cuanto a sus particulares estéticas, aunque con el denominador común de sus hechuras en metales. Doce formas tridimensionales poseedoras de los sellos autorales de sus tres reconocidos creadores de la plástica cubana contemporánea.

Así se mostró La seducción de la forma, en un inusual espacio expositivo para la envergadura de su contenido, pero obligado por el formato de sus estructuras de mediana y gran dimensión: el patio central del Edificio de Arte Cubana del Museo Nacional de Bellas Artes.

José Villa Soberón, Tomas Lara Franquis y Rafael Consuegra Ferrer fueron los escultores seleccionados por Delia María López Campistrous para la curaduría de esta exhibición.

El primero, con esa inquietante del perpetuo movimiento geométrico, en espirales robadas a la naturaleza viva y a la mismísima historia. El segundo, alrededor de «una mecánica estructural» que devela esa otra naturaleza que es la de los procesos industriales. Y Consuegra, con una mixtura de técnicas y formas en la apropiación objetual, de esas cosas que nos rodean o de aquellas de las cuales nos servimos por sus específicas funciones.

Las piezas de acero (inoxidable, corten o conformado) en variantes puras o compatibles con la utilización de otros materiales (la madera, la soga, las losas de piedras e, inclusive, otros metales). Las formas, menos tradicionales dentro del panorama histórico de la escultura cubana. Los asuntos desplegados desde la multiplicidad de enfoques meramente estéticos, pero sin dejar de contemplar la posible asunción funcional, como ya habíamos apuntado.

Todo un derroche de ingenio creador como sobrada razón para seducir, en sus formas, hasta el receptor más exigente, como probable moraleja expositiva.

LOS ESCULTORES Y LAS ESCULTURAS

Lo primero que llamó la atención en el conjunto que representa a Villa Soberón fue su escultura Grada, en acero inoxidable, de 2017, convertida (a pesar de la timidez del receptor en cuanto a su interacción) en un banco o asiento altamente artístico para el descanso.

El resto de sus piezas (Seto, Aurora y Ocaso. En acero corten e inoxidable, realizadas entre 2017 y 2018), con ese característico «lenguaje de la estilización y el racionalismo escultórico donde se palpa la subjetividad intrínseca del creador», como acota la curadora de la muestra colectiva en el suficiente catálogo preparado por el Museo Nacional de Bellas Artes para la ocasión.

Por su parte, Tomás Lara demostró su dominado oficio en el dibujo, como lo confirmó su pieza Réplica del serrucho de mi padre, de 2009, como resultado del volumen que aquí se proyectó en la previa preparación de las líneas para el o los efectos que provocó esta suerte de «instalación».

Las restantes: Presilla, Herramienta Métrica y una última Sin Título –todas procedentes de la serie Ferramenta-, dieron fe de sus observaciones sobre el objeto, el instrumento o aparejo que forma parte de un proceso industrial.

Por último, Rafael Consuegra con cuatro magnificas piezas de su característico quehacer en el que conviven la violencia con la belleza, esa que podemos –a veces- detectar en la «banalidad cotidiana», al decir de María de los Ángeles Pereira; tal y como lo demostraron dos de las obras presentadas: Lo cotidiano desconcertante y Con toda la ternura que lleva adentro, de 2010 y 2012, respectivamente.

Las doce piezas escultóricas integradas en La seducción de la forma ostentan un evidente leguaje abstracto, pero que también nos pudieran acercar a concretas formas, las reconocibles tal vez, esas que han sido arrancadas a la realidad circundante por estos tres grandes escultores cubanos.