Virgiliando en la escena

Mery Delgado
09/ 10/ 2012

El flaco y el gordo, de Virgilio Piñera,  en una representación de Alejandro Rodríguez y Fabián Mora bajo la dirección de José Milián. Foto BubyJosé Milián ha puesto en el escenario habanero una nueva pieza cual contribución personal a las celebraciones por el centenario del natalicio de Virgilio Piñera.

Siempre al frente de su Pequeño Teatro de La Habana, con El flaco y el gordo cierra una trilogía de teatro del absurdo que incluyó Esperando a Godot, de Samuel Becket; Las criadas asesinas, de Gean Genet; y ahora Virgilio.

Abierto al diálogo y con una mirada reflexiva sobre sus últimos montajes dijo a CMBF, Radio Musical Nacional, que aún cuando valoró incluir a La soprano calva para el ciclo se decidió  por estos textos mucho más relacionados con el rostro del autor de Aire Frío.

También pienso -confiesa mientras saborea un cigarro, gesto característico en él- que el público se merecía conocer esas obras que fueron muy importantes en su momento, paradigmas inclusive del teatro que yo no llamaría del Absurdo. Esa es una etiqueta que le ponemos para identificarla.

Esos tres títulos profundizan tanto en el ser humano, en sus problemas  y conflictos, que no sé por qué es absurdo si somos así, si padecemos esas angustias, añadió.

En tono satisfactorio recordaría que las dos primeras piezas tuvieron abundante público, por lo cual debió extender sus temporadas.

El teatro ha estado lleno -¡y qué bueno!- de jóvenes. Los jóvenes de hoy tienen derecho a conocer esas obras. Nosotros los viejos tenemos derecho a disfrutarla porque son joyas del teatro universal, eso es indiscutible, aseveró.

Su diálogo propiciaría otra revelación al decir que con esta trilogía se ensanchó con nuevos propósitos, en tanto aprende a la vez de cómo interpreta a Becket, Genet y Virgilio.

Sin embargo, con su coterráneo es diferente, porque es cubano y lo conocí, pero tengo mis temores pues es la primera vez que hago una obra de él, aseguró.

Milián reconoce su miedo a enfrentar un texto del amigo por miedo a traicionarlo, al conocer secretos que hay detrás de los textos o porque él mismo se los dijo, y no sabría si es conveniente sacarlo a la luz. Pero de algo sí está seguro: sentía mucha necesidad de montar una obra suya y celebrar también su Centenario.

Con regocijo el Premio Nacional de Teatro afirma que durante más de 15 años ha dejado que Virgilio camine por los escenarios, sintiéndose responsable de que la gente hable de que si era así o de otra manera. Me doy cuenta de que están partiendo de la caracterización que yo hice de él, pues no existe material documental, sólo los rasgos que yo hice públicos en un actor.

¿Por qué El flaco y el gordo?

Está  más cerca del  estilo de Pequeño Teatro de la Habana. Nosotros fusionamos la banda sonora, tiene mucho que ver con la actuación y la situación dramática. Hay un juego ahí entre el musical que es pero no es.

Esa ambigüedad define el estilo del grupo. Diez años en el teatro musical donde no empecé mi carrera, es mucho para no permearte.

Yo quiero hacer el musical atípico. Hay momentos en Godot que yo me fascino. Y en Las criadas no se canta ni se baila pero hay presencia del musical porque el asesinato de la señora, por ejemplo, es una coreografía  y no deja de ser un momento dramático que impresiona.

¿Cómo has hecho para que tus actores descubran ese mundo virgiliano que tú conoces tan bien?

Al principio, mientras leíamos la obra les iba contando algunas cosas, desentrañando algunos misterios de los textos. Lo que me interesa de este proceso es que ellos dominen el texto y lo entiendan. Yo dialogo con la obra y voy a usarla porque también creo que Virgilio tiene qué decirnos ahora. No que sea una mera pieza de museo ni una pura formalidad dentro del estilo del grupo.

Y asumiendo tus propias palabras, ¿qué podría decirles Virgilio?

Muchas cosas. Mira hay un juego de posiciones en El flaco… muy interesante, que se corresponde con el juego actual de nuestra sociedad. Los puedes llevar a todos los planos que quieras: el de la doble moneda, el que dirige y quien es dirigido, y cómo la vida te puede cambiar cuando de arriba vas hacia abajo.

Virgilio sabía muy bien lo que estaba haciendo porque él captaba la esencia del cubano, como somos, el choteo, la apología a la comida criolla, etcétera. Aquí nos vamos a reír de nuestras cosas, vamos a virgiliar.

A partir de la vigencia del pensamiento de Virgilio, demostrado en varios de los encuentros celebrados durante este 2012 por su centenario, ¿cuáles han sido tus miradas a la obra del amigo?

Pienso que Virgilio estaría asombrado a estas alturas de que se le haya prestado tanta atención, porque él ni se lo esperaba, ni creo que se planteó  nunca esa Alejandro Rodríguez y Fabián Mora protagonizan El flaco y el gordo, de Virgilio Piñera, bajo la dirección de José Milian. Foto Bubytrascendencia que iba a tener su obra. Pero yo me voy mucho más allá.

No se trata de reflejar la realidad como si fuera un espejo,  sino de dialogar a partir de ella, y él tenía eso.  Él le está hablando todo el tiempo al que asume su obra desde la contemporaneidad. Por qué, pues porque tenía ese don, esa chispa que está viendo lo que todo el mundo ve,  pero lo trasciende.

¿Cómo ha sido el trabajo con los intérpretes?

Tengo dos actores nada más: Alejandro Rodríguez –Churrisquito- y Fabián Mora, con cierta experiencia en la televisión, quien fue debutante en Las criadas y esta será su segunda obra en el repertorio.

Mira a veces cierta virginidad que tiene el actor y que tú puedes ir encausando me gusta más, que cuando el actor ya viene formado o deformado con una serie de vicios y arrastres, que entonces debes pensar en quitarles.

Alejandro viene del mundo del humor, pero no le es fácil lo que va a hacer aquí tampoco, porque no es como él lo concibe o como lo han hecho hasta ahora. Este humor es diferente.

Me gusta el humor proveniente de un pensamiento inteligente más que de una situación de por sí simpática. Virgilio tenía eso. Por eso, para que estos actores puedan interpretarlo, deben conocer muy bien a Virgilio y cuanto decir.

Después vamos para el humor de cabeza. Pero no provocarlo por situaciones simpáticas, sino porque inteligentemente sabemos adónde vamos a llegar y tratar de que el público se vaya  por ese camino.

Yo creo que ellos tienen esa posibilidad por ese grado de virginidad que pueden tener.

Aún cuando te has dedicado a las letras de otros, ¿cuánto tiempo dejaste a tu propia escritura?

No tengo tiempo. Pero como 2012 lo dediqué a esta trilogía, y no sé cuántos cartuchos me queden, el próximo año quiero arrancar con El de la mancha no va al paraíso. Es lo más reciente que he escrito y, si tengo estos mismos actores o algunos nuevos que vengan  quiero revisitar ese texto, quiero volver a verla porque pienso que se le puede sacar un poco más.