Breve temporada de invierno se nombra la obra de Nicolás Dorr que estará reinando en la habanera Sala Llauradó, durante todos los fines de semana de diciembre, luego de su estreno mundial este año en Nueva York.
Asumirá el montaje capitalinola Compañíade Nelson Dorr, quien a su vez la dirigirá.
Tendrá como intérpretes a Daisy Dorr y Juan Julio Alfonso, un actor visto mucho más en la pequeña pantalla y que ahora confiesa sentirse muy entusiasmado por enfrentarse al público de teatro.
La puesta surge como una idea de expandirme más allá de una primera que hice para la televisión, titulada Mejilla con mejilla, al decir del autor de Las Pericas.
Satisfecho con algunos aspectos y con otros no de aquella propuesta inicial, quiso desarrollar más a sus protagonistas, fortalecer la historia entre ellos y cambiar algunas características fundamentales de los personajes. De tal manera surgió la pieza teatral
Breve temporada de invierno tuvo su premier neoyorquina bajo la dirección del boricua Joseán Ortiz. Mas, según Nicolás Dorr, no vio el montaje; afortunadamente, aclara con una sonrisa característica de su buen humor
Sólo hay una relación en cuanto a la foto del poster que me inspiró para la foto del programa de mano y el afiche de mi obra. Nada más, aclara.
¿Cuáles fueron las motivaciones reales de la historia?
Yo creo hay hechos reales en cuanto a que la personalización de la actriz está basado en la caracterización de muchas de las que he conocido a lo largo de mi carrera, en sus momentos de histeria, comprensión, entrega o temor ante el texto y el público.
Creo que en la creación de este personaje hay mucho de todas esas sensaciones tan diversas que he podido experimentar muy de cerca con las actrices que han trabajado en mis obras.
Y en relación al ayudante creo que hay algo de mí, en cuanto a la comprensión que siempre me ha motivado hacia mis intérpretes: comprender sus estados anímicos que a veces no son los que uno desearía; pero que son imprescindibles que sucedan, y sobre todo, el deseo de ayudarles a triunfar.
Ese es el propósito del ayudante de esta obra con respecto a la actriz. Es una persona que se subordina a ella para hacerla triunfar. Siempre un poco como a la sombra, pero llegará un momento que esa sombra se convertirá en luz.
¿Por qué dedica la obra a Rosita Fornés?
Yo siempre le estoy haciendo homenajes a ella, de una manera u otra, porque la admiro soberanamente. Me ha dado muestras no sólo de una gran amiga. Pero además, por ser una actriz altamente profesional, un ejemplo absoluto para todas las generaciones de actores.
Siempre ha sido muy entregada al trabajo que ha hecho para mí.
Nicolás Dorr asegura que en los últimos tiempos le ha dado por escribir mucho. Por lo que no es sorpresa que Breve temporada de invierno salga publicada con otras obras nuevas porla Colección Contemporáneos dela Editorial UNIÓN.
Se incluyen además en este volumen: Gran taller de actuación, La profana familia y Diálogos a media tinta, aún pendiente de estreno.
Esa edición va a tener además algo muy interesante, confiesa a propósito del texto que tituló Teatro Insólito dos.
Hace algunos años publiqué Teatro Insólito con varias de mis obras. En esta ocasión no tenía otro título y, como sigo cultivando lo insólito en cuanto a los personajes, las relaciones entre ellos y a las mismas historias, decidí que así se llamaría este segundo libro.
Esta, como otras, es una obra en familia. ¿Qué placer encuentra usted en ello?
Nelson tiene ahora un grupo teatral que lleva su nombre. Otras veces he dirigido yo otros grupos. Siempre he disfrutado la posibilidad de que los Dorr no sean dos sino tres y lo estoy logrando poco a poco, con la incorporación de Daisy en un rescate de su labor que fue muy importante en los inicios de la década de 1960.
Entonces hizo obras que marcaron su carrera pero que después se desactivó un tiempo del escenario y volvió a recuperarlo por mi esfuerzo, por mi deseo de agrupar a mi familia, algo que me entusiasma mucho.
Nicolás recuerda que de niños y jóvenes se unían para compartir sus textos. El escribía. Nelson y Daisy lo leían. Ellos –dice con nostalgia – se reían mucho de mis ocurrencias y a la vez me estimulaban enormemente.
Esa unión ha estado desde los inicios, subraya por último.