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Diversidad e integración en álbum de nuevos compositores

Collage de partituras. Foto: Internet

Por la colaboración de la EGREM y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba resultaron dos fonogramas que recogen parte de la música de jóvenes laureados en el Concurso de Composición Harold Gramatges promovido por la Asociación de Músicos de la organización.

Ello empezó a saldar una deuda con las últimas generaciones de creadores musicales galardonados en el evento competitivo, después de que la más antigua casa discográfica del país dejara de realizar, durante años, grabaciones de música académica de nuestros maestros.

Recordemos que la EGREM entregó hace poco más de una década Elogio en espiral, por los 70 años de Leo Brouwer, y que muchos de los discos concretados por la productora y directora de orquesta María Elena Mendiola, a partir de sus grabaciones de archivo, fueron galardonados en la Feria Internacional Cubadisco.

Pero el tiempo pasa inexorablemente y urge llenar vacíos en nuestra música, así que los dos nuevos volúmenes resultan, una brújula para guiar y estimular a los más jóvenes creadores de música académica, aspecto de nuestra cultura que hay que potenciar.

Bajo el título de Nueva Música, el álbum promisorio expone el desarrollo de la música cubana en toda su diversidad, aunque en honor a la verdad, es necesario seguir fomentando y ampliando los horizontes creativos de la nueva creación, sean los que inician sus carreras de compositores, como aquellos de mucha mayor experiencia en estas lides.

Gracias a este deshielo, jóvenes como Yulia Rodríguez Kúrkina, Alexis Rodríguez, Javier Iha, José Víctor Gavilondo y Víctor García Pelegrín, han tenido la posibilidad de darse a conocer con una grabación discográfica de calidad, que de tal modo ha primado en los dos volúmenes donde aparece la obra y una parte sustancial del pensamiento musical de la última generación de compositores cubanos.

Sin embargo, es bueno señalar que, en muchos casos, parte de las creaciones de estos jóvenes tienden su mirada hacia un actuar conservador, no experimentalista.

Llegado este instante, trasciende de los resultados compositivos las pocas posibilidades de información que tienen los creadores a través de intercambios culturales, ya sea dentro o fuera del académico.

A pesar de ello, es gratificante escuchar obras como Cuentos peregrinos de Javier Iha e Iván, el imbécil de Víctor García Pelegrín,  dos títulos del primer disco que hablan muy bien de lo cuanto conciben por estos días nuestros más jóvenes autores.

Por su parte, el segundo volumen de Nueva Música contempla creaciones de Jorge Amado y Nathalie Hidalgo (aún estudiantes al ser galardonados), así como Wilma Alba, Jorge Denis Molina, Ernesto Oliva y Karlla Suárez; todavía jóvenes egresados de la Universidad de las Artes, entonces; y otros, como Claudia Troya, alumnos en el nivel medio que, en su caso, era el Conservatorio Guillermo Tomás; lo que, en cierto sentido, resalta la solidez de la Enseñanza Artística durante décadas en Cuba.

Todas sus obras, sin excepción, tienen una sólida factura; aunque, en la mayor parte de los  casos, los lenguajes tienden a ser convencionales, nada experimentales, como se aspira en lo inquieto del pensamiento juvenil.

Se separan de esta tendencia, más bien académica, Ernesto Oliva y, particularmente Karlla Suárez, que (en sus búsquedas creativas) se interesa por el jazz y los medios electrónicos, evidente desde la ruptura que propone con la pieza Siguiendo los pasos; y de tal modo, expresa la propuesta de la joven compositora que, por cierto, va a contracorriente con la totalidad de las obras del álbum del que, entre tanto, resalta la diversidad creativa de los cubanos, como propuesta integradora y, en definitiva, una de las virtudes de estos dos discos compactos.

*El autor, Premio Nacional de Radio, es compositor e intérprete, profesor de la Universidad de las Artes y realizador de programas especializados en CMBF Radio Musical Nacional.





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