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El performer-actor

Inconcebiblemente, el hombre que aportó al teatro contemporáneo uno de los contenidos más definitorios nunca llegó a lograr nada en la escena, y jamás se vio materializada alguna de sus propuestas teóricas.

Sin embargo, en sus delirios y fantasías, nos dejó los basamentos modélicos para las estructuras escénicas más atrevidas de cuantas que hemos visto hasta nuestros días.

La obra Antonín Artaud es de tales dimensiones para la emocionalidad y la efectividad de una puesta en escena, en cuanto a principios y razones, que este loco tan engendrador de la magia del sentimiento y la crueldad, sigue siendo un parámetro insoslayable del hecho teatral.

Y porque quiero hablar del cuerpo es que me detengo en lo que dijo Artaud: «Una misma expresión no vale dos veces, las palabras mueren una vez pronunciadas, y sólo actúan en el momento en que se la pronuncia, una forma empleada ya no sirve más y es necesario reemplazarla, y el teatro es el único enclave del mundo en que un gesto no puede repetirse del mismo modo».

El trabajo escénico de un actor tiene implícito un comportamiento donde la autorreflexividad y lo experiencial deben forman parte fundamental del ensanchamiento del horizonte representacional o no representacional. En este punto recordamos la consistencia de las propuestas del teatro artaudiano, al ver la representación como el espacio donde se destruye la mímesis. 

Podríamos hacernos algunas preguntas cardinales con relación al actor: ¿qué busca? ¿Qué quiere? ¿Cuál es la atmósfera escénica necesaria para lo que busca y quiere? ¿Qué efectos se persiguen en el orden de la percepción hacia los espectadores?  ¿Cuánto se precisa de lo figural, de la reflexión y del movimiento por sí mismo? 

También, ¿hasta dónde se precisa de la sensorialidad? ¿Qué lugar le corresponde en la instalación escénica: solo la acción y siempre y solo la acción? ¿Debe negar la re-presentación, romper el tácito pacto con el espectador en cuanto a la ilusión? ¿Cómo conceptualizar las acciones?

Y del mismo modo, ¿las acciones tienen que estar a tono con lo performante y performativo de la Realidad? ¿El actor representa o reproduce un personaje y deja de ser él? ¿Cómo logra un actor las variaciones de intensidades que le permiten potenciar su presencia en escena a partir de su subjetividad y el calibre de su imaginación?

El actor/performer es el que produce en cada función el acontecimiento de la actuación-performance, y dígase acontecimiento como el acaecer de lo siempre nuevo, de lo que no se renueva sino de lo que es nuevo, brotante.

El supremo potencial creador en escena es el cuerpo del actor como multiplicador de sentidos mediante una ejecución rizomática y no arborescente para llegar a la expresión de una nueva estructura.

El suceso enunciativo desde una perspectiva ideo-estética debe superar la escena teológica, la regida por el dramaturgo como un dios logos. La enunciación actoral debería ser un acto de accionar en sí misma, capaz de plantear diversos horizontes, para la sensorialidad y las tensiones en el presente del espectador.

El espacio teatral, el escénico, el de la representación, el espacio gestual que arma el movimiento de los actores, ese otro ámbito de creación: el del público con su imaginación; todos conforman la polifonía sígnica que es la teatralidad. Todos, absolutamente todos, tendrán su epicentro en el cuerpo humano.

Es un cuerpo absoluta y definidamente real, pero que se puede manifestar como ente ficcional; cuerpo que puede ser ficcional y concretamente histórico, existiendo en una tridimensionalidad ficticia en caso de que se pretendan dimensiones.

Sucede que puede haber como un oscuro hueco, donde se produzcan apariciones en un laberinto de luces, donde el cuerpo se diluya, se integre entre tantos espacios y aparezca la plena polifonía sígnica de la teatralidad: calidad semántica y semiótica de determinadas manifestaciones que tienen como centro el cuerpo.

Siempre está el cuerpo, pese a todos los avatares que ha tenido el teatro hasta llegar a este presente de tantas derivaciones de hipertextualidad sorprendente.

El cuerpo es un esplendente y solazado repositorio de significados a partir de los significantes que constituyen los gestos, los movimientos, las acciones correspondientes a cada uno de los comportamientos humanos.

Las relaciones humanas existen desde el cuerpo. Todas nuestras acciones están vinculadas con el cuerpo; y, por tanto, sea cual sea el carácter de las mismas, la corporalidad y su característica performatividad cultural son estrategias del cuerpo. 

La corporalidad actoral es la más absoluta auto-referencia y debería ser el principio, la premisa y la proyección del espacio escénico; lo que no quiere decir que haya que centralizar el cuerpo, se trata de centrase en él para que suceda el equilibrio de la imagen escénica con la correspondiente sensualidad.

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