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Privilegios de una primera graduación

Universidad de las Artes (ISA). Foto: Internet

Con el surgimiento de los primeros acercamientos al arte coral en Cuba, en 1920, teniendo a la gallega María Muñoz de Quevedo como cimiento, se fomentaron las creaciones de corales en cárceles, conventos, escuelas e iglesias, hasta ser constituida la Sociedad Coral de La Habana, adjunta a la Sociedad Filarmónica de entonces.

Similares propósitos se sumarían posteriormente, como los empeños fundacionales y organizativos del músico y compositor austríaco Paul Csonka, o de los cubanos Manuel Ochoa, Serafín Pro y Electo Silva; y más tarde, con los altibajos propios de las agrupaciones amateurs, hacia los inicios de los años sesenta, cuando surgieron en el oriente del país el Coro Madrigalista y el Orfeón Santiago, hoy agrupaciones distintivas de la Cultura nacional.

Por ese camino, ocurrió la fundación del Coro Nacional de Cuba y  los coros profesionales de Santa Clara, Pinar del Río y Matanzas, así como el Coro Masculino de Guantánamo y el Orfeón Holguín, que seguirían enriqueciendo el movimiento coral en aquella parte de la geografía, en el siguiente decenio.
Sin embargo, los directores de estas agrupaciones no habían recibido una formación académica de nivel superior, y quienes la alcanzaron no lo hicieron totalmente en la isla.

Sería después de 1960 que comienzan a crearse las condiciones, tras la fundación de la Escuela Nacional de Arte (ENA), donde fue incluida la asignatura de Coro en el Plan de Estudios de las diferentes disciplinas musicales; aunque mayor relevancia alcanzó la inclusión de las especialidades de Dirección Coral y más tarde de Canto Coral, quedando establecidas hasta nuestros días.

Junto a ello, nuevas  oportunidades fueron brindadas por el extinto campo socialista para estudios de especialización en Europa, que lograrían Digna Guerra, Carmen Collado, José Antonio Méndez, Argelia Fragoso, María Felicia Pérez y Electra de la Osa, en diferentes academias teutonas; como también resultó para Mercedes Cedeño y Mario Bustillo, pero en la Unión Soviética.

Sin embargo, una de las mayores fortalezas sucedería a partir de septiembre de 1976, cuando se funda el Instituto Superior de Arte  (hoy Universidad de las Artes) y queda definida la Dirección Coral como especialidad, incorporando a su claustro gran parte de aquellos formados en Europa; que en 1986 entregó la primera graduación de directores, formados (de tal manera) en la academia cubana por profesores del país.

Aquella lista primera la conformaron Alina Orraca Llama, Corina Campos Morales, María Elena Sierra Herrera y  Ana Lourdes Martínez Nodarse, Delfina Acay Espinosa, Octavio Marín Fernández y Teresa Pentón; quienes, en el transcurso, aportarían sus empeños a la notoriedad que exhibe el género en la actualidad.

Lo ejemplifican la permanencia y los resultados del Coro de Cámara Vocal Leo y la Maestra Corina Campos, como la Schola Cantorum Coralina y la Maestra Alina Orraca, con insuperables labores docentes, además.

Mientras, el Maestro Marín resultó artífice de los años de gloria del coro del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT), en tanto la Maestra Sierra se desempeñó durante años en su aula de la ENA y como integrante del Coro de Cámara Exaudi que fundó y dirige la Maestra María Felicia Pérez; en tanto nuevas generaciones agradecerían la labor docente de Ana Lourdes Martínez, que ha sumado su impronta al mundo de la producción y representación artístico-discográfica.

De igual modo, Delfina Acay mostró resultados en el trabajo con agrupaciones infantiles, actividades docentes en la ENA y en la suplencia temporal de la Maestra Digna Guerra frente al Coro Nacional de Cuba; en tanto destaca el aprovechamiento docente de Teresa Pentón, junto a logradas entregas para el teatro infantil.

En suma: una generación privilegiada, que bien ha sabido aplicar las enseñanzas adquiridas en la Universidad de las Artes, enriquecerlas con sus improntas respectivas; y, con tanto, ser parte del elogio a la fundación de la alta casa de estudios y sus aportaciones por cuenta de aquellos primeros egresados.

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